EDITORIAL
Patronatos para los cementerios
Por lo que se observa, ningún cementerio público del país conserva las condiciones mínimas que debería tener un camposanto.
Presentan un paisaje de deterioro y abandono, como si se condenara a los difuntos al más absoluto desprecio en su última morada.
A esta imagen deplorable se suma que, en su mayoría, estos cementerios se han convertido en refugio de delincuentes, escenario de agresiones sexuales y vertedero de basura.
Por más que los familiares de los fallecidos se esfuercen en mantener dignas las tumbas de sus seres queridos, ninguna autoridad municipal les garantiza protección ni seguridad ambiental.
Los ayuntamientos responsables de estos recintos —que incluso cobran por el arrendamiento de terrenos para tumbas y panteones— parecen dejar que los fondos destinados a su mantenimiento se esfumen sin explicación.
Frente a esto, solo los cementerios privados preservan un ambiente de solemnidad, limpieza, orden y belleza, propicio para el recogimiento espiritual de quienes los visitan.
En este contexto, nos parece oportuna y atendible la sugerencia de doña Norma de Vargas, propietaria de Puerta del Cielo, de crear patronatos municipales dedicados al cuidado de los cementerios públicos.
Estos patronatos, integrados por ciudadanos respetables de cada comunidad, podrían administrar de manera más eficiente y transparente dichos espacios.
Asimismo, reiteramos la propuesta que ha hecho este diario en el pasado: la creación de una policía funeraria, especializada en la vigilancia y protección de estos lugares.
Dicho cuerpo podría recibir apoyo logístico del Sistema Nacional de Emergencias 911, de la Policía Nacional y del C5i, utilizando incluso drones para monitorear de forma continua estos espacios, con el fin de prevenir riesgos a la seguridad de los visitantes y proteger la integridad de las tumbas y panteones.

