EDITORIAL
La innegociable misión de la prensa independiente
Por fin, las autoridades han comenzado a reparar los baches que las lluvias de Melissa dejaron en avenidas y carreteras del país.
La reacción del Ministerio de Obras Públicas se produjo tras la publicación del amplio inventario de daños que realizó y divulgó el Listín Diario esta semana.
Ante un problema de tal magnitud, albergamos la esperanza de que el trabajo de las brigadas no se realice de manera apresurada.
Es imperativo que la rapidez por cubrir los hoyos no se privilegie por encima de la calidad y la seguridad del trabajo, garantizando así una solución perdurable.
Recientemente advertimos que no puede esperarse que las infraestructuras públicas cumplan su vida útil si, durante su construcción o reparación, se omiten las especificaciones técnicas obligatorias.
Tampoco si la supervisión de las obras -desde el inicio hasta su conclusión- adolece de deficiencias o, peor aún, si es deliberadamente negligente, haciendo la vista gorda cuando se ignoran las normas de calidad.
Con demasiada frecuencia, las construcciones, independientemente de su envergadura, son vistas más como un negocio por ingenieros y funcionarios que como una obra de ingeniería que debe garantizar funcionalidad, seguridad y durabilidad.
Eso es, precisamente, lo que parece haber sucedido con los centenares de baches que, tras ser “tapados” anteriormente, resurgieron a las pocas semanas, tal y como pusimos de relieve en nuestro reportaje sobre el deterioro de las vías públicas.
Nuestra advertencia sobre la necesidad de reparar estos hoyos para evitar accidentes, pérdidas de vidas humanas y daños materiales, no respondía a un afán de exagerar la realidad.
Sin embargo, sabemos que es usual que algunos funcionarios o sus allegados, en casos como este, intenten descalificar, negar o minimizar estas fallas.
A ningún funcionario le agrada que la prensa evidencie su incapacidad para resolver los asuntos de su competencia.
Esta actitud deriva con frecuencia en una hipersensibilidad que, en ciertos casos, se transforma en intolerancia hacia el ejercicio legítimo e innegociable de una prensa responsable.
Frente a esto, es necesario dejar clara nuestra posición: la prensa independiente existe para servir a la sociedad, no a los intereses de un gobierno o partido político.
Por esta razón, nuestro deber ineludible es sacar a la luz estas realidades, aunque ello disguste a quienes tienen la responsabilidad de prevenirlas o solucionarlas.
No podemos, ni debemos, actuar de forma adocenada o limitada. Nuestra vigilancia es un pilar de la democracia y un servicio público que no está sujeto a ninguna negociación.

