La transformación del Centro de Haina
Durante años, el nombre “Vacacional de Haina” fue un eufemismo macabro.
Lo que en 1977 nació como un espacio de descanso para maestros, se convirtió en símbolo de la indignidad: un antro carcelario donde seres humanos —extranjeros en situación migratoria irregular— eran hacinados en condiciones infames, olvidados durante días, semanas o meses.
En 2015, cuando el Estado decidió reconvertir ese lugar abandonado en centro de retención migratoria, no hubo voluntad para garantizar lo elemental: trato humanitario, debido proceso, o respeto a la dignidad.
Durante una década, operó como un almacén de personas, no como un espacio de justicia.
La crisis humanitaria en Haití y la masificación de operativos migratorios exigían acción.
Hoy, tras una inversión de 88 millones de pesos, el ahora llamado “Centro de Procesamiento Migratorio de Haina (CPM-Haina)”muestra una transformación estructural y ética.
La visita del Observatorio de Políticas Migratorias (OPM) ayer no fue un mero trámite: fue un acto de verificación ciudadana.
Se constató que hay espacios, como pabellones separados para hombres, mujeres, niños (supervisados por CONANI y UNICEF) y dominicanos repatriados.
Las áreas médicas, cocina propia y protocolos de ingreso documentados, están en remodelación y equipamiento.
Desde la identificación de retenidos hasta las repatriaciones, los procesos ponen énfasis en el “respeto a la dignidad humana”, según el director de Migración, vicealmirante Luis Rafael Lee Ballester.
Este centro ya no es el “repugnante almacén” del pasado, aunque todavía requiere continuar con ese proceso de mejora.
Es la materialización de un compromiso anunciado en abril con las 15 medidas migratorias del presidente Abinader, donde la frontera entre seguridad nacional y derechos humanos no debe ser una línea, sino un puente, mientras el país afronta amenazas a su seguridad interna.

