En el umbral del estrés post-traumático
Han pasado apenas dos semanas desde la tragedia del Jet Set, y aunque los escombros se han removido, el dolor sigue ahí.
No solo en las familias que perdieron a sus seres queridos, sino en todos nosotros, como sociedad.
El estrés post-traumático no es solo cosa de películas: se manifiesta en pesadillas, ansiedad, miedo a lugares cerrados, ataques de pánico o incluso en esa tristeza que no parece irse.
¿Qué haría un ciudadano si se rompiera un brazo? Ir al médico, sin dudarlo.
Pues con la mente pasa igual: no es señal de debilidad la decisión de pedir ayuda.
En otros países, tras tragedias como ataques terroristas o desastres naturales, las campañas de salud mental se activan de inmediato.
Terapia gratuita, líneas de crisis, talleres en escuelas y comunidades.
Porque entender que el dolor emocional también necesita tratamiento marca la diferencia entre sanar o arrastrar heridas invisibles por años.
Aquí, el Estado y profesionales de la conducta están listos para actuar y acompañar a los ciudadanos que muestren algunos de los signos propios del estrés.
Las personas no deben esperar a que el miedo o la angustia le ganen la partida.
Hablar, llorar, desahogarse con un especialista, es el primer paso. La solidaridad nos une, pero la salud mental nos fortalece.
Que nadie lo olvide.

