Austeridad, paso a paso

 Con alta inflación, cualquier país an­da en la cuerda floja a la hora de pre­servar sus estándares de políticas socioeconómicas en medio de un es­cenario de carestías y escaseces.

El nuestro ya entró en ese terreno y por eso consideramos atinente sugerir al gobierno que proceda a aplicar un modelo de austeridad en el gasto público, sin dilaciones.

Aunque esto implique, momentáneamente, ralentizar algunos proyectos de corto plazo que se concibieron antes de que asomara el fantas­ma de la inflación.

Una medida concreta, a la luz de estas expec­tativas inflacionarias, debe ser la de que el go­bierno central y los ayuntamientos reduzcan de inmediato, en un 10 por ciento, el consumo de electricidad y combustibles.

Este paso iría acompañado de una campaña de orientación y educación a toda la población para que haga lo mismo, tomando en conside­ración que la fuente principal que ayuda a la generación y la movilización del transporte, es el petróleo.

El petróleo es uno de los principales factores que puede agudizar la inflación mientras sus precios sigan disparados y tengamos que dispo­ner de más dólares, una moneda que también se está apreciando, para adquirirlo.

Ya el presidente Abinader ha dispuesto, por decreto, una serie de medidas encaminadas en la dirección de la racionalidad del gasto públi­co, inclusive con ciertas restricciones para el uso de los vehículos públicos los fines de sema­na y la realización de actividades no esenciales.

La austeridad se implanta con medidas, no con enunciados de medidas.

Así que creemos pertinente que el gobierno diseñe este plan tomando en cuenta, también, que el manejo de la pandemia de Covid presio­nará su presupuesto más de lo que lo ha hecho en los últimos dos años.