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Editorial viernes, 10 de septiembre de 2021

Nidos de víboras

Los partidos políticos no pueden seguir siendo refugio ni trampolines de narcotraficantes, viciosos ni elementos pervertidos por la corrupción que se anidan en ellos para escalar posiciones del poder público.

Es obvio que los toleran, los apañan y hasta los encumbran porque amasan y reparten mucho dinero para ganar postulaciones y elecciones a puestos congresionales y municipales o para agenciarse cargos importantes en el gobierno.

El deber del liderazgo político nacional es, como el de la Policía, sacar esas basuras de sus filas o, de lo contrario, asumir el costo fatal de su autodestrucción o de la pérdida de representatividad y confianza de la población.

La democracia dominicana, construida a base de partidos fuertes y comprometidos con el estado de derecho, no puede exponerse más a estas flaquezas.

Y el Estado mismo, con todos sus poderes, tampoco puede permitir que sus soportes institucionales sean quebrados y desnaturalizados por el entronizamiento de prácticas corruptas, desconocedoras del correcto uso de los bienes públicos, o por la nociva influencia de agentes del crimen organizado en los poderes congresional, judicial y municipal.

Los partidos están obligados a esta irrenunciable catarsis.

Tienen que deshacerse de esas vacas, bueyes o perros sagrados que, por años, han asaltado los poderes de este país para lucrarse y envilecer, de paso, a nuestro sistema democrático.

Deben impedir y repudiar a los personajes sospechosos o cuestionados que financian sus actividades con dinero sucio y dejar de hacerse los desentendidos o inocentes frente a esta creciente penetración dañina que los desacredita y los debilita.

Versión inglés

Viper nests

Political parties cannot continue to be a refuge or springboard for drug traffickers, vicious or perverted elements by corruption that nest in them to climb positions of public power.

It is obvious that they tolerate them, they fix them and they even elevate them because they amass and distribute a lot of money to win nominations and elections to congressional and municipal positions or to secure important positions in the government.

The duty of the national political leadership is, like that of the Police, to remove this rubbish from its ranks or, otherwise, to bear the fatal cost of its self-destruction or of the loss of representativeness and trust of the population.

Dominican democracy, built on the basis of strong parties committed to the rule of law, can no longer expose itself to these weaknesses.

And the State itself, with all its powers, cannot allow its institutional supports to be broken and distorted by the enthronement of corrupt practices, ignorant of the correct use of public goods, or by the harmful influence of organized crime agents in the powers. congressional, judicial and municipal.

The parties are obliged to this unavoidable catharsis. They have to get rid of those sacred cows, oxen or dogs that, for years, have assaulted the powers of this country to profit and debase our democratic system.

They must prevent and repudiate suspicious or questioned characters who finance their activities with dirty money and stop playing the ignorant or innocent in the face of this growing harmful penetration that discredits and weakens them.