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Editorial jueves, 28 de mayo de 2020

No es tiempo de desmantelar el estado de emergencia

El peligro todavía late. El virus sigue rodando en nuestro país y no es razonable levantar las anclas del estado de emergencia por el mo­mento, única garantía de ejercer algún tipo de control de la pandemia.

El Presidente de la República ha pedido una cuarta pró­rroga del estado de excepción, bajo el cual se justifican las restricciones a la movilidad humana en los horarios del to­que de queda y en ciertas actividades comerciales.

Dentro de estas regulaciones figura la obligatoriedad del distanciamiento físico en vías públicas y locales cerra­dos, el uso de mascarillas y guantes y otras modalidades de prevención, las cuales quedarían prácticamente des­manteladas si no rigiese la emergencia.

Sabemos que hay oposición manifiesta de varios par­tidos a la extensión del estado de emergencia. Queda en manos del Congreso decidir el tiempo que considere apro­piado conceder para los próximos días.

Pero sin perder de vista que si levantamos las restriccio­nes el país podría entrar en una espiral de contagio incon­trolable que haría colapsar el débil sistema sanitario con el que estamos enfrentando la pandemia.

Si la oposición niega la extensión de la emergencia, ten­dría que decir cuál es su propuesta para contener la pan­demia, porque en las actuales condiciones, cruzarse de brazos no es la más saludable opción.

El peligro de colapso del sistema sanitario es tan pro­bable que hoy las enfermeras de distintos hospitales es­tán hablando de paralizar su trabajo por falta de equi­pos de protección y por precariedades físicas en los hospitales.

Si con el toque de queda los casos de contagio aumen­tan casi 2,000 en la última semana… ¿a cuántos llega­ríamos a la hora en que los colmadones, las galleras, dis­cotecas, casas de apuestas, restaurantes y cines, reabran totalmente sus puertas?

En este contexto, lo fundamental es proteger y salvar vi­das, aunque en ese empeño tengamos que lamentarnos de las conductas impropias de ciudadanos que desafían las instrucciones, indolentes ante el peligro de muerte que re­presenta el coronavirus.