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Editorial domingo, 29 de marzo de 2020

El desierto de las Redacciones

  • El desierto de las Redacciones
Miguel Franjul

La pandemia del coronavirus ha acelerado de un tirón la transición de la prensa tradicional hacia la web,un proceso que venía cumpliéndose de manera gradual para llegar sin mayores traumas ni errores al nuevo modelo del “digital primero”.

El momento llegó para nosotros, obligándonos a cambiar todos los esquemas de trabajo y atomizar la Redacción, de modo que la mayor parte del personal , con jefes incluidos, pudiese cumplir sus tareas ordinarias desde sus casas.

Por primera vez, y sin que mediara una catástrofe que impidiera la presencia física de los editores, fotógrafos, periodistas, diseñadores y auxiliares, las salas de Redacción han quedado literalmente desiertas, por precaución a un contagio masivo.

Rápidamente tuvimos que configurar una estrategia de emergencia para que apenas un mínimo grupo , corriendo todo riesgo, estuviese a cargo de cubrir las últimas noticias, agregar valor a los contenidos digitales y depurar las historias destinadas al diario impreso, forzosamente disminuido en su número de páginas y con circulación restringida debido al estado de emergencia y cuarentena parcial de la población.

Ahora los jefes imparten las instrucciones de búsquedas mediante conferencias telefónicas o mensajes de los chats internos, las noticias se corrigen y se envían a los diseñadores que operan desde sus casas, estos preparan las plantillas y las colocan y luego las devuelven a los editores para titularlas y organizar sus ilustraciones.

Nadie podría imaginar que un periódico pudiese confeccionarse e imprimirse bajo este dramático déficit de personal en una Redacción, pero el compromiso irrenunciable de la prensa de informar y orientar no podía claudicar ante cualquier adversidad.

Este brusco cambio de modelo ha significado un desafío para la capacidad de la prensa de reinventarse y procurar las formas de seguir buscando la noticia, comprobarla para no incurrir en difusión de falsedades y hacerla llegar al público preferente y masivamente por las plataformas digitales, ahora las de mayor alcance.

En cierto modo, es una labor heroica producir un diario impreso conservando sus elementos esenciales de contenido y diseño a cargo del mínimo personal presencial, como es habitual, pero sin ninguna rentabilidad por la caída de la publicidad y los ingresos de circulación.

Para nosotros, la mayor rentabilidad en esta crisis sin paralelos históricos es la de servirle con profesionalidad y con la verdad a nuestros lectores y la más valiosa retribución es la confianza y el apoyo que recibimos de ellos como el mejor aliento para continuar informando, con o sin una monstruosa pandemia gravitando sobre nuestras cabezas.