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Editorial jueves, 27 de febrero de 2020

Con una soberanía amenazada

Una soberanía en peligro, como la acaban de describir los obispos católicos, es la clarinada del riesgo que debe retumbar hoy en los corazones de los buenos dominicanos al conmemorar el 176 aniversario de nuestra independencia.

Esa soberanía, a decir verdad, nunca ha estado exenta de ataques. Y varias veces después del grito independentista del 27 de febrero del 1844 ha quedado temporalmente anulada. En el caso actual, las amenazas emergen desde el mismo seno de nuestras debilidades institucionales.

Han proclamado los obispos que las “preocupantes irregularidades en nuestras fronteras” y la “explotación irracional de los recursos naturales por manos nacionales y extranjeras”, conducen al drenaje de la principal conquista que nos legaron Duarte, Sanchez y Mella y la sociedad secreta La Trinitaria.

En paralelo con estos factores debilitantes y francamente antinacionales corren “acciones de esclavitud” que asfixian otros logros de la República Dominicana, como las que prohíja un estado de libertades públicas y de derechos ciudadanos a menudo mal entendidos, mal ejercitados o vilmente atropellados desde dentro de nuestra sociedad.

Conseguir soberanía es el fundamento de la lucha por la independencia. Sin el yugo haitiano que nos oprimió por dos décadas pudimos edificar, como nación, el cuerpo de libertades, leyes, identidad propia y Constitución que sirven de garantía a nuestra condición de país libre y soberano.

Con estas conquistas, por demás, también hemos echado bases para la vigencia del sistema democrático, en el que los ciudadanos tienen derechos garantizados e irrenunciables deberes de fortalecer el libre juego de las ideas, la libertad de expresión, la alternabilidad en el mando de los poderes públicos y los valores que dieron origen y vida a la República desde su nacimiento.

Ha sido una historia matizada de gloriosas luchas y enormes sacrificios. El deber de las nuevas generaciones es el de cuidar, como las anteriores, este valioso legado de nuestros padres fundadores.

Este legado se encuentra hoy amenazado por acciones foráneas, como la invasión de ilegales haitianos, hasta ahora pacífica, la ocupación y usufructo ilegal de tierras, el irrespeto o desconocimiento de leyes y normas, el accionar del narcotráfico burlando fronteras y la devaluación de los símbolos patrios, con las que se infringe una severa herida a la memoria de nuestros ilustres patricios.