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Editorial martes, 25 de febrero de 2020

Una ruptura con el pasado

Las protestas pacíficas y las modalidades de expresión que matizan el plantón de los jóvenes en la Plaza de la Bandera, no han de verse desde la simple óptica de un acontecimiento pasajero o del rapto anímico de una multitud frustrada por el fracaso de las elecciones municipales.

Eso último fue el detonante de unos hervores, subyacentes y tal vez no evidentes, que esperaban la oportunidad de un cauce. Y esa oportunidad vino para marcar, más que una insatisfacción por el fiasco electoral, el principio de una ruptura con el pasado, en muchos de sus órdenes.

Vale decir, una ruptura con los modelos de vida política y de organización partidaria, poco abiertos y flexibles a las nuevas generaciones que buscan participar en las decisiones sobre su destino, pero que han sido dejadas de lado hasta en los procesos de relevo de esas organizaciones.

Para los de la nueva generación, que están educados para desenvolverse en un escenario de retos continuos en un tiempo de innovaciones y de nuevos paradigmas creados por la tecnología, la generación precedente que los ha gobernado (en su opinión) ya está “tostada”.

Se les tenía, hasta que montaron el plantón, como miembros de una generación ajena o apática frente al accionar de los responsables de manejar el sistema. Salían de las aulas universitarias convencidos de que el actual modelo, diseñado y ejecutado por mentalidades muy distintas a las suyas, no encaja ya en sus expectativas.

Ni les da trabajo ni les asegura bienestar, aunque se maten estudiando.

Sus mensajes en pancartas o en redes no se circunscriben al fallido episodio electoral. Esa fue la chispa. Esos mensajes dicen algo más de lo que los mueve a la protesta. Quieren un cambio, no parcial ni cosmético, de ese sistema. De forma y fondo.

Y han comenzado a demostrarlo con manifestaciones pacíficas, con un lenguaje comunicacional diametralmente distinto al que inflamaba las concentraciones de los jóvenes del pasado cuyas luchas por el “cambio de las estructuras” implicaban desafiar frontalmente al régimen, a sus fuerzas y a sus bases económicas y políticas de sustentación.

Los de ahora, que viven en una época en que todo ha cambiado y se ha hecho desconocido o desconcertante para los que no han seguido sus dinámicas, son aquellos que de tarde en tarde se plantan en la Plaza de la Bandera a forjar el país de sus ideales, más estable, más democrático, más seguro, más tecnológico, más garante de sus derechos y menos vapuleado por la delincuencia y la corrupción a todos los niveles.

Así lo dicen en las redes, en sus chateos, en sus canciones, en sus formas de vivir y de actuar. Definitivamente están decididos a romper con el pasado. Y estas son las primeras imágenes de una transición que ha comenzado de repente, sorprendiendo a muchos.