EDITORIAL

La nueva generaciĆ³n nos habla

Los jóvenes de hoy están trazando nuevas pautas en sus formas de reclamar o protestar, sin necesidad de recurrir a la violencia ni a la destrucción de propiedades públicas o privadas.

Mientras estén enmarcadas dentro del orden que les permite la libertad de expresión consagrada por la Constitución y las leyes, estas demostraciones ayudan a reforzar el Estado de Derecho y a oxigenar nuestro sistema democrático.

En otros momentos hemos presenciado masivas demostraciones sociales inspiradas en la protección de la vida, en contra de la delincuencia, los feminicidios y el narcotráfico, en favor de la paz y de la auténtica impartición de justicia, que logran más adhesiones y resultados que si se hubiesen hecho al conjuro de la violencia o el irrespeto a las normas de la convivencia democrática.

Las de ahora tienen este mismo sello, pero focalizadas en las exigencias de una mayor transparencia en los procesos electorales, un mayor respeto a la institucionalidad y un repudio a la corrupción administrativa.

Las acompañan de pancartas en las que francamente plasman sus inquietudes y aspiraciones, representativas del sentir de las nuevas generaciones que afrontan un futuro marcado por rápidos cambios que suscitan sus legítimas incertidumbres.

Se tenía la percepción de que esta nueva generación era apática o vivía distanciada del debate de los problemas palpitantes de la sociedad.

Sus formas de entrar al escenario, espontánea y animadamente, superan los clásicos modelos en los que la convocatoria la asume un partido, una figura política o sindical, con arengas preconcebidas, tanto en caravanas o mítines donde los cabecillas dan la cara y pronuncian discursos para inflamar y excitar a las masas.

En estas no se ven esos detalles. No montan tribunas ni altoparlantes y son heterogéneas en cuanto a la composición de sus integrantes, sin exclusión de clases sociales o de simpatías políticas, pero sí coherentes en la línea de sus mensajes.

Sin disponer de cabecillas visibles, han tenido más capacidad que cualquier partido organizado para movilizar simultáneamente a los adeptos de su causa en todo el país y fuera de él, de manera consecutiva por varios días, sin tener que invertir una millonada en la organización y montaje de las demostraciones.

Es este un fenómeno social llamativo digno de ser examinado en profundidad para entender algunas claves de cómo surgen y se expanden estos modelos pacíficos y civilizados de la expresión popular, a fin de conocer y apreciar el verdadero mensaje de cambio y de más atención y participación que están enviando las nuevas generaciones.