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Editorial sábado, 22 de febrero de 2020

Ayudemos a reencauzar el proceso electoral

Reencauzar el proceso electoral a fin de que las elecciones municipales, congresuales y presidenciales se celebren bajo un clima de orden y transparencia, es ahora mismo el más crucial desafío que afronta la democracia dominicana.

Un paso decisivo en esa dirección acaba de darse al aprobar la Organización de Estados Americanos, por solicitud del gobierno del presidente Danilo Medina y de la Junta Central Electoral (OEA), su participación en una auditoría a fondo del sistema de voto automatizado que, tras colapsar misteriosamente, provocó la suspensión de las elecciones municipales del pasado día 16.

Al quedar este proceso bajo control de una entidad neutral, acompañada de la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES), hay garantías de que la investigación pueda llegar hasta el fondo de la verdad y a descubrir las causas y los responsables del funesto fiasco del 16.

La JCE, cuya reputación ha quedado seriamente erosionada tras esos episodios sin precedentes en la historia del país, debe crear todas las condiciones para que el trabajo de los auditores de la OEA y la IFES se realice sin ningún tipo de interferencias internas o externas.

De la profesionalidad y rigurosidad con que se cumpla esta auditoría dependerá, en grandísima medida, que la ciudadanía quede satisfecha en sus legítimos reclamos de transparencia, y que se despejen las dudas que hoy abrigan los futuros votantes tras el decepcionante fracaso de esos comicios.

Es deber de todos los sectores de la sociedad contribuir al rescate de la confianza y la credibilidad de la JCE, árbitro del proceso, para que renazca la voluntad de apoyar, con el ejercicio del sufragio, libre, limpio y sin maniobras fraudulentas, el sistema democrático.

Es preciso asegurar todos los mecanismos que faciliten la participación de los electores, de los partidos y de sus candidatos, en un estado de confianza en el voto y en el organismo rector de las elecciones.

El país no puede darse el lujo de perder esta crucial apuesta por la democracia, ni de dejar endebles las bases en las que descansa una economía de continuo crecimiento, una estabilidad política y social y un sistema democrático que, aunque perfectible, nos ha permitido niveles de bienestar y de paz en el que muchas naciones desearían vivir.