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Editorial martes, 14 de enero de 2020

Demasiado temprano para morir

Los jóvenes dominicanos no están cuidando muy bien su salud ni sus vidas. Por eso, cada día son más los que, apenas cumplidos los veinte o veinticinco años, mueren o se incapacitan por culpa de problemas cardiovasculares.

La vida sedentaria, con mínima actividad física, el consumo de sustancias energizantes, potenciadores sexuales, alcohol y drogas, tabaco, cigarrillos electrónicos o hookah y las comidas ricas en carbohidratos, los está llevando gradualmente a las salas de internamiento de clínicas u hospitales, cuando no al cementerio.

Este cuadro preocupa mucho a los médicos especialistas y a las autoridades de Salud Pública, que ahora están diseñando las líneas maestras de un plan estratégico con políticas preventivas de protección de la vida de los jóvenes.

Pero este no es el único problema. Aparte de los desórdenes cardiovasculares que provocan estos malos hábitos de consumo, hay registros alarmantes de jóvenes con dificultades auditivas, a causa del uso intensivo de auriculares para escuchar música o noticias en sus teléfonos o iPod.

Estas deficiencias de audición también son provocadas por su exposición descuidada a los altos volúmenes de la música de las discotecas o de los colmadones.

Y también se reportan altas tasas de jóvenes con problemas en la vista, ya que muchos de ellos son adictos a las pantallas de sus computadoras o dispositivos electrónicos modernos.

No se quedan muy atrás, para desgracia de muchos, los índices de pacientes jóvenes con colesterol, diabetes, alta presión arterial y víctimas de estados depresivos, que muchos atribuyen a un todavía no explícito factor llamado “vacío existencial”, pero que pegan tan fuerte que los empuja hacia el suicidio.

Y si no llegan hasta el suicidio, pasan a engrosar el ejército de los llamados “lúmpenes del siglo 21”, no los antiguos proletarios pobres, sino los que ahora no tienen ánimo para buscar progreso, para trabajar ni estudiar ni socializar, y que entonces vegetan en un ambiente de soledad con poca calidad de vida.

Junto con los problemas del corazón, los mentales también juegan un papel clave en el menú de riesgos a la salud y la vida que afrontan hoy nuestros jóvenes, a los que obligatoriamente tenemos que cuidar y proteger, para que el país descanse en el futuro en sus buenas manos, en su inteligencia y capacidad productiva.