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Editorial martes, 15 de octubre de 2019

EDITORIAL

Que se despejen todas las dudas

Muchas dudas e interrogantes persisten todavía sobre la fiabilidad del proceso de sufragio y escrutinio de las pasadas primarias, tras las denuncias del expresidente Leonel Fernández de que hubo manipulación intencional en 671 mesas que causaron una alteración de los resultados.

De ahí que resulte oportuna y correcta la decisión de la Junta Central Electoral de convocar a una licitación de urgencia para la realización de una auditoría forense al sistema de voto automatizado, que se estrenó en esas primarias como prueba real para su utilización en las elecciones generales de 2020.

Esa auditoría técnica forense, formalmente sugerida por el expresidente Fernández, del Partido de la Liberación Dominicana, y por el Partido Revolucionario Moderno, puede contribuir a esclarecer esas dudas e interrogantes, siempre y cuando se ajuste al objetivo esencial de auscultar a profundidad la matriz y los equipos accesorios que constituyen el corazón del sistema operativo del voto automatizado.

Desde un principio, este fue el reclamo fundamental de los actores del proceso. La JCE procedió a cumplir una de las primeras exigencias para que se contara de manera manual el ciento por ciento de los votos y, en base a estos resultados, declaró los ganadores de la contienda.

Pero el esfuerzo quedaba incompleto si no se procedía, como ahora acaba de disponerlo, a la auditoría forense del sistema automatizado, un proceso que por razones elementales y en aras de la transparencia debe rodearse de las mayores garantías de probidad, seguridad e indudable competencia técnica de los peritos que la llevarán a cabo.

En razón de que se han generado aprehensiones sobre las fallas que pudo tener el mecanismo del voto automatizado, lo que más conviene a la paz y la tranquilidad del país es que este proceso de investigación o peritaje de las presuntas irregularidades y acciones fraudulentas se ejecute bajo los focos de una mayor observación de especialistas y de los propios actores de la competencia electoral.

Las cuentas deben quedar suficientemente claras como para despejar toda sombra que ponga en entredicho la legitimidad de los comicios.