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Editorial lunes, 14 de octubre de 2019

Una osadía antipatriótica

Hasta que la Constitución o una ley reglamentaria no dispongan lo contrario, el Escudo Nacional debe figurar siempre en el centro de la Bandera para que estos símbolos, junto al Himno, constituyan la verdadera esencia de la identidad dominicana.

Suprimir el Escudo en algunas banderas que han aparecido por ahí de la noche a la mañana, sin causas justificadas, es una perversa y antinacional forma de degradar los símbolos más sagrados de la República Dominicana, lo cual equivale, para fines legales, a un delito de irreverencia y ultraje.

La simbiosis de bandera y escudo configuran la carta de identidad que adquirimos con la independencia en 1844. No fue por capricho ni por un asunto de estética que estos símbolos aparecieren conjugados.

Tanto los colores como la cruz blanca que divide sus cuatro cuarteles (azul y rojo bermellón) con el primer escudo de armas en el centro, fueron decididos por el propio fundador de la República, Juan Pablo Duarte, y con tales características ondeó, por primera vez, en el baluarte de El Conde, proclamando así el nacimiento de la Patria libre, soberana e independiente.

De modo que nadie está autorizado, salvo que la Constitución o una ley expresa lo disponga, a desnaturalizar la originalidad de estos símbolos, ni a disociarlos de su engranaje fundacional como luce que está ocurriendo ahora con algunas banderas sin escudo que aparecen en entidades públicas y en impresos oficiales.

¿A quién se le habrá ocurrido semejante y descabellado irrespeto?  ¿Qué entidad o autoridad ha faltado al mandato constitucional para autorizar o permitir esta desconstrucción?

De inmediato y sin pérdida de tiempo, el Presidente de la República debe ordenar que se restituya el Escudo Nacional, en el mismo centro de la Bandera, y sancionar a quienes se han atrevido a promover este acto antipatriótico que ultraja la voluntad y el sagrado legado del Padre de la Patria.