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Editorial sábado, 14 de septiembre de 2019

Sin régimen de consecuencias

Un sistema por la libre, donde ninguna regulación es respetada al ciento por ciento, es el del tránsito y el transporte del país, en franco estado caótico.

Por más disposiciones que se han adoptado para institucionalizarlo, las calles y carreteras siguen siendo vías inseguras porque no se respetan límites de velocidades ni las obligaciones de mantener los vehículos en buen estado para poder transitar por ellas.

El parque vehicular, que hasta el último registro era de 4 millones 350 mil 884 unidades, crece sin control de la misma manera en que la calidad, de muchos de esos motorizados, sucumbe por causa de la vejez y los irreparables desperfectos técnicos que acusan.

El generalizado irrespeto a las leyes del tránsito, producto de la incapacidad de la autoridad para hacer cumplir la ley, ha traído como consecuencia que los accidentes de tránsito constituyan la primera causa de muertes, colocando al país dentro de los primeros en el mundo con tales tasas de siniestralidad.

Estructuralmente, el sistema fue remodelado hace más de un año para que las instituciones responsables operaran bajo la rectoría del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre.

Desde esta institución ha emanado un montón de medidas y normas que, si bien se inspiran en las regulaciones modernas que funcionan en otro país, aquí han resultado inaplicables o ineficaces.

Porque el sistema mismo está corrompido hasta el tuétano por culpa de los incumplimientos de todos los actores. Entonces no vale para nada un buen marco de regulaciones si nadie las respeta, ni nadie es capaz de hacerlas respetar.

Esta es una verdad que hasta la misma directora del INTRANT lo admite con gran pesar. Ha dicho que lo que verdaderamente hace falta para que el sistema funcione es un régimen de consecuencias.

Y en este aspecto estamos totalmente de acuerdo con ella.

Al no aplicarse las sanciones correspondientes a todas las violaciones consuetudinarias que ocurren en el tránsito y en los entes de la transportación, el caos y la anarquía se convierten en la regla.

Si ya se sabe cuál es el remedio, ¿qué más hay que esperar para aplicarlo?