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Editorial miércoles, 04 de septiembre de 2019

Dos luchas casi perdidas

El narcotráfico y los feminicidios han ido creciendo sin contención ni castigos ejemplares, lo  que revela hasta qué punto han quedado diezmadas las únicas fuerzas que tiene una sociedad para defenderse de esos flagelos.

Ni la ley ni los valores morales que han constituido las salvaguardas del orden, la institucionalidad y la convivencia, han resultado suficientes para evitar el expansionismo de estos graves delitos, pese al dolor y el sufrimiento que causan a muchas familias de ciudadanos.

Los mecanismos de control de las fronteras, aérea, terrestre o marítima, han sido vulnerados consistentemente porque los capos del narcotráfico o del contrabando de armas y personas, pagan muy bien el silencio y la complicidad de las autoridades.

Si acaso, por un albur, uno de esos jefes del crimen organizado es detenido o está en vías de serlo, todavía tiene a su favor el recurso de las coimas o peajes para comprar la indulgencia de los jueces o para asegurarse, en el caso más extremo, un hospedaje VIP en la prisión.

El territorio está lleno de drogas y los capos y sus subalternos, pese a ser los artífices del mayor desafío y desprecio a las leyes, lo que no se le perdonaría a los ciudadanos comunes y corrientes, gozan de un ancho campo de maniobras y de un poder que rivaliza con cualquiera de los que forman el trípode del Estado.

Por otro lado, de nada han valido los diferentes programas de prevención y castigo de los feminicidios, ni los mecanismos que se han aplicado para mantener a los potenciales agresores o asesinos de mujeres, lejos de estas.

Una buena parte de esos abusadores, llevados a prisión por tentativas de asesinato, alcanzó finalmente su siniestros propósitos tan pronto salieron de las cárceles, gracias a los artilugios legales o a complacientes decisiones de jueces.

No hay manera de convencer al país de que, en ambos terrenos de lucha, la sociedad y el Estado han ganado la batalla. Por el contrario, parecemos estar en el camino de perderla.