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Editorial lunes, 17 de junio de 2019

EDITORIAL

Desabrido simulacro de autoridad

Lo han anunciado muchas veces, pero en realidad la prohibición de usar celulares y otros dispositivos de comunicación dentro de las cárceles no ha pasado de ser un desabrido simulacro de ejercicio de autoridad.

Desde hace unos diez años la ciudadanía ha escuchado los anuncios, desde las más importantes instancias del Poder Ejecutivo y del Judicial, de que se impedirá que los presos tengan estos aparatos en sus celdas, como forma de disminuir sus posibilidades de ordenar fechorías desde su encierro.

Las exigencias para que se adopte una medida de esta naturaleza, muy propia de los principales recintos penitenciarios del mundo, han surgido tras las múltiples comprobaciones de que desde las cárceles se han organizado logísticas para el crimen en todas sus manifestaciones.

Se recuerda, incluso, que esa práctica fue crucial en un ataque insólito de sicarios contra la cárcel preventiva de Najayo y en la comisión de atroces crímenes, de manera frecuente, en nuestro país.

Se habló, una vez, de que se instalarían bloqueadores de señales para que los reos que poseen, escondidos, estos aparatos, no pudieran usarlos para sus fechorías a larga distancia. Ni siquiera eso.

Una prueba de que no hay restricciones efectivas fue el episodio de la despedida del artista urbano Omega, cuyos compañeros en la cárcel de La Victoria hicieron galas de la profusión de celulares de alto costo para filmar aquel momento y difundirlo en las redes.

Pues bien, al no existir controles de verdad, los que maquinaron el atentado del astro del béisbol David Ortiz, hace una semana, estaban impartiendo las instrucciones de la trama por sus celulares desde la cárcel del kilómetro 15, de Azua, recinto al cual retornaron a dos de los implicados tras el juicio de coerción.

Nadie pretende pensar ni creer que con solo prohibir estrictamente el uso de celulares entre los reos, especialmente los de gran calibre, se acabaran los crímenes ordenados desde las cárceles, pero no hay dudas de que se privaría a los criminales de un valioso medio para planificar y ordenar fechorías de cualquier naturaleza.

Además, como esos celulares son a la vez cámaras fotográficas, es un riesgo para el sistema de seguridad interior de las cárceles que estos aparatos sean usados en trasmisión de fotos o videos de lugares, rostros o cualquier otro elemento que permita la vulnerabilidad de esos recintos.