Sociedad patas arriba

Hay muchos episodios, en el actual momento, que denotan el grado de desquiciamiento que permea a la sociedad, y que no podemos atribuírselo a las cálidas temperaturas del verano.

Los desatinos humanos parecen estar a la orden del día, tanto en forma de expresiones como de acciones o decisiones de personas a las que se les concede condición de representantes de distintos sectores.

La prueba más patética del desquiciamiento es la ausencia de la cordura, del comedimiento y del entendimiento, lo que da lugar a insólitos actos y crueles homicidios e iracundas reacciones de los ciudadanos ante cualquier nimiedad que perturbe sus egos.

Penoso resulta comprobar que una de las víctimas del desquiciamiento ha sido el debate, sobre todo el debate de las ideas que toda sociedad necesita para poder enrumbarse por los mejores caminos.

En el caso de los políticos, llamados a ser los conductores del pueblo desde los poderes públicos, este escenario ha quedado desierto, bastante huérfano de las luces del pensamiento y la sabiduría que deberían emanar de los líderes.

Por tal razón escasean las discusiones sobre los desafíos del presente y del futuro cercano que afrontan los dominicanos, y la sociedad sigue avanzando sin que muchos sepan hacia dónde.

La cháchara electoral, caldo de cultivo de las confrontaciones, los insultos, las descalificaciones, ha sido otra de las causas que ha provocado la devaluación del debate en medio de nuestras disyuntivas como nación.

¿Qué perturba tanto a los ciudadanos que, atrapados en la contienda preelectoral, salen tan fácil de sus casillas y se rebelan contra todo, inclusive hasta con lo que está medianamente bien? Hay muchas razones.

Con apagones, crisis de servicios públicos, bajos ingresos y carestía de vida, más el fastidio de los tapones, el desempleo y la inseguridad de las calles, la impotencia para contener la corrupción, los factores del desquiciamiento se han multiplicado y han puesto patas arriba a nuestra sociedad.

Lamentablemente.