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Editorial martes, 14 de mayo de 2019

EDITORIAL

Los “territorios con hambre”

Con el sostenido nivel de crecimiento que ha tenido la economía dominicana en los últimos años, ya era tiempo de que el Suroeste acelerara el paso para salir de su ancestral estado de pobreza.

Persisten allí agudos desniveles, en comparación con otras regiones del país, en materia de atención a la salubridad, acceso a servicios de salud, empleos bien remunerados e infraestructuras para el desarrollo.

Esa realidad no es más que el resultado de un desventajoso y discriminatorio reparto o distribución de la riqueza nacional, que todavía no se ha desparramado sobre esta zona a pesar de que el presidente Danilo Medina proclamó que había llegado “la hora del Sur” y, en consonancia con ello, ha dispuesto numerosas obras y programas para fortalecer la agropecuaria, promover empleos y cambiar los estatus de vida de los suroestanos.

Pero la región sigue todavía aletargada, rezagada y empobrecida, ya que las políticas que se enfocan en su porvenir han sido lentas para aplicarse y, además, porque los problemas de sus provincias se agudizan por los efectos de una invasión y ocupación de haitianos ilegales.

Como resultado de ese estado de desatención y desigualdades, el país figura hoy entre las cinco naciones de América Latina denominados “territorios con pobreza”, según un indicador de referencia divulgado por la FAO (Agencia de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación).

Al poner en evidencia esta cruda realidad, la FAO ha elaborado las bases de una estrategia para lograr que esos “territorios con hambre”, que abarcan también a Guatemala, El Salvador, Colombia y Honduras, superen los niveles de pobreza que se registran en zonas específicas.

No hay que esperar que las estrategias de la FAO sean puestas en marcha junto a los gobiernos. Aquí debemos dar un paso hacia adelante, disponiendo que una buena porción del presupuesto nacional sea dirigida al desarrollo de las provincias del Suroeste y de El Seibo, cuyos ayuntamientos dan pena al funcionar con migajas de recursos que no ayudan a resolver nada.