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Editorial lunes, 13 de mayo de 2019

EDITORIAL

La sequía aprieta

Este es un pronóstico enervante: la sequía podría extenderse unos meses más en el país con toda la secuela, ya conocida, de daños a la producción agropecuaria y severas limitaciones para el consumo de agua.

Según el más reciente informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos, citado por el analista meteorológico dominicano Jean Suriel, el fenómeno El Niño, que altera todos los ciclos climáticos, se extenderá hasta noviembre.

Esto significa, en pocas palabras, que habría menos lluvias para humedecer y enriquecer los suelos agrícolas, para preservar los caudales de los ríos, el nivel de almacenamiento de agua en las presas, la producción de las hidroeléctricas y la disponibilidad del líquido para el consumo humano.

Este fenómeno, que produce el calentamiento de las aguas de los océanos Atlántico y Pacífico, reduce las lluvias en regiones tropicales, como la nuestra, y causa un sinnúmero de anomalías en el clima.

Ya nuestro país ha sentido, en los primeros meses de este año, esas anomalías, con la reducción de las lluvias y el preocupante descenso de las aguas acumuladas en las represas, que impiden el normal regadío de las plantaciones y la subsistencia del ganado vacuno en la línea Noroeste.

Acompañando esta sequía han surgido los fuegos forestales en distintas partes del país y las medidas restrictivas que han adoptado las autoridades para prohibir ciertas siembras y el consumo inmoderado de agua en la población.

Si los pronósticos se cumplen tal y como lo sospechan los especialistas meteorológicos, entraríamos en una fase más difícil con las disponibilidades del recurso agua, que de por sí están deficitarias desde hace algunos meses, y que afecta  la producción de alimentos. Las esporádicas lluvias caídas sobre el país no han mejorado sustancialmente este cuadro, según han admitido las propias autoridades.

Pero la cruda realidad del panorama presente obliga al gobierno y a toda la sociedad a plantearse una estrategia para proteger nuestros bosques de la actividad depredadora, del conuquismo y de los fuegos intencionales de aquellos que producen carbón, prácticas bastante lesivas al medio ambiente.

No hay tiempo que perder. Hay que actuar ya.