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Editorial martes, 16 de abril de 2019

La dictadura no puede pasar

Este país lleva 58 años construyendo una democracia, aun imperfecta, para no volver a caer jamás en una dictadura, como la que padeció durante tres décadas en la llamada Era de Trujillo.

Los que sufrieron la agonía de vivir asfixiados en un régimen que no permitía las libertades públicas recuerdan, con dolor y amargura, cómo la autoridad del dictador se imponía sobre las leyes y la Constitución y sobre la misma voluntad de todos los ciudadanos.

Tras el ajusticiamiento del tirano y el desmantelamiento de la dictadura en 1961, el país fue progresivamente cimentando una democracia, permitiendo elecciones libres, empresas privadas, la expresión de las ideas sin cortapisas o censuras previas y la existencia de gremios profesionales y de trabajadores, todo lo cual se ha traducido en mejores etapas de progreso humano y material.

La consolidación del Estado de Derecho, sobre la base de mantener los tres poderes públicos independientes y con autonomía financiera propia con exclusivas competencias y potestades, es la zapata esencial de una nación organizada y la mejor prenda de garantía del sistema democrático.

La existencia y vigencia de este esquema de contrapesos solo es posible en la medida en que los tres poderes del Estado se respeten y compartan sus responsabilidades, en aras de preservar plena y funcional la democracia y el auténtico Estado de Derecho.

Cuando esos poderes no se respetan, por sí y entre sí, como acaban de advertir responsablemente el arzobispo metropolitano de Santo Domingo, monseñor Francisco Ozoria, y el obispo de la Diócesis de Baní, monseñor Víctor Masalles, la democracia se agrieta y por sus intersticios puede colarse la siempre odiosa dictadura.

La sociedad dominicana tiene que denunciar, firmemente, todo intento que vaya en la dirección de debilitar cualquiera de los poderes del Estado, tanto si es por el capricho de una ambición personal de poder, por el sesgo de una doctrina o ideología contraria a la democracia o por una aplastante intervención militar foránea.

Que todos estemos claros: aquí no puede volver una dictadura ni nadie tiene derecho ni mandato para ensombrecer los resplandores de la libertad que han iluminado nuestra democracia, ganada y defendida con sangre y con lágrimas por el pueblo dominicano.