De nuevo al trabajo
Después de un extendido trajín durante la celebración de los festejos de año nuevo, ciudadanos de todos los confines, desde las más lejanas comarcas hasta los más grandes centros urbanos del país, se entregaron a un disfrute sin límites a la espera de ese cambio en el anuario, marcado por el tradicional augurio de paz y prosperidad. Con ese regodeo se dejó atrás un año de resabios y acontecimientos que definieron la vida de muchos y crearon las condiciones para definir el rumbo del país en una diversidad de acontecimientos que condicionan el destino de la sociedad, como es el trabajo creador de la gente que mueve las ruedas de la producción, genera prosperidad y fortalece los mecanismos institucionales. Ahora, después del disfrute de las festividades por la llegada del año nuevo y la ciudad haber despertado bajo un tierno sol arrastrando su cobija sobre las casas de los vecindarios, es tiempo de estar preparados para encarar los grandes retos que nos esperan, ante una corriente optimista y de renovada fe en el porvenir social y económico de la nación. Terminados los comentarios festivos, el inicio de año nos lleva casi obligadamente a echar una mirada retrospectiva y hacia el futuro sobre nuestras vidas, la individual y la del colectivo. Es de ese futuro del que ahora debemos encargarnos, dejando el pasado nada más como un asunto de referencia para las lecciones, dibujándolo con los matices de nuestros sueños y esperanzas. Debemos confiar en que el tiempo, con su andar, traerá eventos superiores, de mayor valía, en todos los sentidos. El signo de estos tiempos jamás debería de ser las dificultades, sino la búsqueda de soluciones conjuntas para luego cosechar los frutos y todos nos sentemos a compartir las bonanzas. Esa es la visión que debemos tener del porvenir a partir de este momento, aportando nuestra energía y creatividad para alcanzar las metas anheladas. Entonces, hay que volver al trabajo, por el bienestar y la felicidad de todos.

