Hora de ahorrar combustibles
Aquí sabemos quejarnos cuando suben los precios locales de los combustibles, pero en realidad ningún esfuerzo es visible, ni en los ciudadanos ni en el Gobierno, para esquivar ese impacto mediante el ahorro o cualquier otra forma de mesura en el consumo. Ahora que el petróleo entra en una espiral alcista por la crisis de Libia y la latente inestabilidad social y política en el Medio Oriente, deben encenderse nuestras alertas frente a un previsible golpe inflacionario derivado de esa situación. Los empresarios proponen al Gobierno que diseñe de inmediato un plan de ahorro, no sólo para racionalizar el consumo, sino para evitar que los altos precios y su efecto en la factura petrolera tengan un indeseable reflejo en las finanzas públicas y en las inversiones programadas para obras de desarrollo este año. En Estados Unidos, donde el galón de gasolina monta ya los cinco dólares, hay generalizada preocupación entre los consumidores y desde ya se notan los aprestos para controlar el consumo gravoso, pero aquí no parecemos reaccionar de la misma forma y de ahí que en medio de esta situación las calles y carreteras sigan atiborradas de vehículos como si nada delicado estuviera aconteciendo en la economía. Para entrar en un proceso de ahorro no tenemos que esperar que el peso de las alzas aplasten nuestros presupuestos. El Gobierno puede dar las primeras señales en esa dirección, y el resto de la ciudadanía tiene que hacer su parte para no excedernos en la demanda de un petróleo importado que cada día cuesta y seguirá costando más.

