Desmesurada amenaza de EEUU

Entre las pocas cosas que tajantemente prohíbe nuestra Constitución están la trata y el tráfico de personas. La mayor parte de los artículos y numerales consagran libertades, pero la prohibición expresa se contrae a muy contadas acciones de carácter ilegal y entre éstas figuran la esclavitud y la servidumbre de personas. A más de consignar estas prohibiciones, el país asume su rechazo en virtud de los acuerdos y convenios internacionales que expresamente abominan de estas prácticas o formas degradantes de la dignidad humana. Que se tenga éxito o no en la persecución de aquellos que incurren en estas aberraciones no ha de considerarse como una actitud de indiferencia frente al problema, como para merecer que la gran potencia mundial que es Estados Unidos, con la que tenemos un tratado de libre comercio, amenace a éste y a otros doce países con imponerles sanciones económicas por los pocos progresos que, a su juicio, han hecho en esta materia. “El gobierno no ha sentenciado a traficante alguno, incluyendo a funcionarios posiblemente cómplices del tráfico desde 2007”, dice el informe del Departamento de Estado norteamericano, ignorando que el gobierno no condena ni emite sentencia, sino que esto es función de los tribunales y ayer, justamente, el Procurador y el Fiscal aseguraron que tienen pruebas de actos judiciales condenatorios de esas prácticas. En todo caso, es preciso que en la defensa del esfuerzo que ha hecho para controlar estos problemas las autoridades dominicanas sean más específicas y no omitan ningún detalle que ayude a poner en claro hasta dónde ese interés de lucha se ha manifestado. Es desmesurada, a nuestro juicio, la amenaza estadounidense frente a un país que hace frente, por igual, a los mismos problemas que esa gran potencia, padeciéndolos, no ha podido resolver a pesar de sus inconmensubles recursos económicos y tecnológicos y su extraordinaria influencia mundial.

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