COLABORACIÓN

Sumar certeza para atraer y retener inversiones cruciales

Por Meg Kinnear
Santo Domingo, RD

El impacto social y económico de la pandemia ha sido particularmente severo para América Latina y el Caribe. La región ha sufrido tanto el mayor número de víctimas mortales entre las regiones en desarrollo como la caída más pronunciada de la actividad económica —una contracción promedio de 6,5% del PIB a nivel regional—, superando la de las economías avanzadas y todas las demás regiones en desarrollo en el mundo. Los países de la región aún enfrentan graves desafíos, incluidos brotes de variantes de COVID-19 y acceso desigual a vacunas, y las economías se mantienen limitadas por restricciones a la movilidad. 

Tras adoptar grandes paquetes de estímulo para apoyar a hogares y empresas durante la pandemia y destinar recursos financieros adicionales para fortalecer sus sistemas de salud, los países de la región cuentan ahora con menor espacio fiscal. Al mismo tiempo persisten las necesidades de inversión en áreas críticas para la recuperación económica, como infraestructura digital y física, capital humano y logística para el comercio. De hecho, la recuperación económica de América Latina y el Caribe requerirá más inversiones en todos los ámbitos.

En consecuencia, la atracción de inversiones extranjeras resultará fundamental para que la región pueda reducir sus brechas de inversión. Ello exigirá —más aún durante estos tiempos difíciles— duplicar esfuerzos para mejorar el clima de inversión en América Latina y el Caribe y atraer inversiones. Incluso antes de la COVID-19, los flujos de Inversión Extranjera Directa (FDI, por sus siglas en inglés) hacia la región habían experimentado una caída casi ininterrumpida durante la última década. La pandemia redujo aún más la FDI en 2020, con una caída del 45% según estimaciones de las Naciones Unidas.

Un aspecto clave para fortalecer el clima de inversión, reducir riesgos y brindar mayor confianza a los inversionistas privados consiste en proporcionar acceso a una resolución justa de las diferencias. Desde 1972, Estados e inversionistas han recurrido al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) para resolver sus diferencias relativas a inversiones. 

A la fecha, 156 Estados han ratificado el tratado multilateral aprobado en 1966 por los Directores Ejecutivos del Banco Mundial para crear el CIADI como una institución independiente y despolitizada para el arreglo de diferencias. Ecuador ha sido el país que más recientemente suscribió y ratificó el Convenio, el 3 de septiembre de 2021.

El CIADI fue creado con el objetivo de reducir riesgos y despolitizar el proceso de resolución de disputas, fomentando así las inversiones transfronterizas. Disponible tanto para inversionistas como para Estados, el CIADI funciona como un mecanismo imparcial y administra procedimientos cuando las partes lo solicitan. Está también a disposición de los Estados en caso de diferencias con otros Estados al amparo de tratados y acuerdos de libre comercio. El CIADI no decide sobre las diferencias por sí mismo, más bien tribunales o comisiones independientes son nombrados para los casos, por lo general por las propias partes.

Tras haber registrado su primer caso en 1972, el CIADI se ha convertido en la institución líder a nivel mundial dedicada al arreglo de diferencias relativas a inversiones internacionales. A la fecha, el CIADI ha administrado 803 casos, que representan más del 70% del total de los casos en materia de diferencias relativas a inversiones a nivel internacional.

Con el CIADI, Estados e inversionistas cuentan con una variedad de medios para el arreglo de sus diferencias. Por décadas, el CIADI ha ofrecido procedimientos especializados de arbitraje, conciliación y comprobación de hechos —cada uno diseñado teniendo en cuenta las diferencias relativas a inversiones internacionales. Más recientemente, el CIADI ha desarrollado también reglas y pericia en materia de mediación, sumando así otra opción para Estados e inversionistas. 

La mediación ofrece un enfoque completamente voluntario, gestionado por las partes. El rol del mediador consiste en facilitar las negociaciones de las partes, por ejemplo, ayudando a cada parte a identificar sus intereses, superar las barreras al arreglo y desarrollar con las partes posibles opciones de arreglo. Dada la flexibilidad del proceso de mediación, resulta muy adecuado para una diversidad de circunstancias, incluyendo diferencias que involucran a pequeñas y medianas empresas. 

Como parte del Grupo Banco Mundial, el CIADI comparte la misión de poner fin a la pobreza y promover la prosperidad para las personas más pobres. En América Latina y el Caribe, así como en otras regiones, una mayor certeza jurídica se traducirá en la atracción y retención de flujos cruciales de inversiones y la generación de más oportunidades de desarrollo. Esa es nuestra meta principal: más oportunidades para todos.

* Meg Kinnear es la Secretaria General del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) ICSIDsecretariat@worldbank.org