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Economía & Negocios jueves, 25 de abril de 2019

Un hombre de éxitos sin haber llegado a las Grandes Ligas

  • Un hombre de éxitos sin haber llegado a las Grandes Ligas

    Melkin Valdez sueña con implantar su marca en el Sur. VÍCTOR RAMÍREZ/ LISTÍN DIARIO.

  • Un hombre de éxitos sin haber llegado a las Grandes Ligas
  • Un hombre de éxitos sin haber llegado a las Grandes Ligas
Patria Reyes Rodríguez
patria.reyes@listindiario.com
Santo Domingo

Desde los ocho años soñaba convertirse en un pelotero de grandes ligas y estuvo cerca de lograrlo, pero el destino le tenía reservado otro camino en el que el éxito también se podía alcanzar.

Melkin Váldez tiene 36 años y nació en Comendador, municipio cabecera de la provincia Elías Piña, donde la pobreza juega a contrapié con los sueños de miles de jóvenes que como él aspiran a un futuro distinto.

Llegó a una pensión para prospectos, ubicada en el sector capitalino Los Mina, en el 2000, de la mano de uno de sus hermanos, que fueron peloteros profesionales y que jugaron con los Mets de New York. Duró seis años esperando que algún equipo lo firmara, hasta que se desencantó y volvió a su tierra, decepcionado pero no vencido.

“Cosa y destino de la vida; Dios no tenía ese plan para mí, a veces uno quiere una cosa, pero el plan de Dios es perfecto. Me desesperé, la firma que esperaba no llegaba y eran muchos los trabajos que pasaba, paraba lesionado. Recuerdo que en 2002 acababa de tirar un bullpen y el codo se me hinchó y yo lloré. Le pedía perdón a Dios y mis lágrimas no paraban. A veces cuestionaba a Dios y le decía ‘Señor, por qué a mí, si yo tengo condiciones, yo hago mi trabajo’. Al final entendí que el único que sabe es el Señor y el plan lo tiene diseñado Él y uno tiene que poner de su parte”, cuenta Mel-kin, con una gran carga de nostalgia.

Relata que volvió a su pueblo a trabajar con su papá y siempre tuvo en la mente que pondría un negocio. “Siempre vivía mirando a ver qué tipo de negocio me gustaría poner, desde cuando vivía en la capital”, enfatiza.

Lo primero que puso fue un colmado, pero lo dejó porque no veía su vida detrás de un mostrador, se sentía estancado. Un amigo le dio la idea de poner un negocio de vender empanadas. “Me prometió traerme la masa de la capital y me dijo ‘ve al mercado, cómprate un caldero, háblate con Elías el herrero y búscale un aro para que te prepare unas anafe. Me trajo un cucharón y la herramienta de pisar la empanada, algo por lo que estoy agradecido de Dios y de ese hombre. Así empecé”, cuenta Melkin.

Refiere que puso su primer puesto de empanada en la acera, frente al mercado. “Empecé yo mismo friendo, recuerdo que me levantaba tempranito, con una manguera, a lavar el caldero y a mí no me daba vergüenza. Dios me estaba dando fuerzas; ya a las seis de la mañana tenía todo preparado, y veía la gente como hacia la fila para comprar”.

El éxito de la venta de empanada hizo que Melkin consiguiera un local y aumentara su pedido de masa a la capital, de 10 paquetes iniciales a 100, pero como algunos paquetes llegaban maltratados decidió aprender a hacerla.

Viajó un domingo al lugar donde hacían la masa de empanadas’, habló con un empleado y lo convenció de que fuera con él a Elías Piña, le ofreció RD$3,000 más de lo que ganaba, alojamiento y comida. Relata que le compró una cama, un tanque de gas y una estufa de mesa. “Le busqué dos muchachos para que los enseñara. Yo le agradezco mucho a él, porque cuando se fue, ya yo tenía dos muchachos más que sabían hacer la masa”.

Melkin, aunque sigue siendo un apasionado del beisbol, hoy es un exitoso y joven hombre de negocios, dueño de D’ Melkin Empanadas, con 11 empleados bajo su cargo, y además, produce y distribuye paquetes de masa de empanadas a supermercados de Las Matas de Farfán, San Juan de la Maguana, Padre Las Casas, El Cercado y algunas localidades de Haití.

Este joven, oriundo de este pueblo fronterizo sueña con tener una cadena de puestos de empanada con su nombre, en toda la región Sur, al estilo MacDonald. “Yo no me limito, con la ayuda de Dios nosotros vamos pa’lante”.