PRODUCCIÓN AGRÍCOLA

Plaguicidas, salud y legislación: crucemos dedos

EN LA REGIÓN EXISTE ESCASA REGULACIÓN, FALTA DE VIGILANCIA, INCUMPLIMIENTO DE NORMAS

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Julián de la RosaSanto Domingo

Quiérase o no, los plaguicidas químicos continuarán por todas partes. Las estadísticas de venta dicen que las plagas se llevan el 42% de la producción agrícola potencial, incluso usándolos. Si dejásemos de usarlos perderíamos un 28% adicional; vale decir, sin ellos solo obtendríamos el 30% de las cosechas posibles. No tendríamos, pues, la disponibilidad de alimentos que tenemos. Sí, indispensables, pero la euforia de su uso irracional quedó sepultada con la mala regulación de leyes como la 311-68. También dicen las estadísticas - a las que acuden Salud Pública, FAO y el Convenio de Rotterdam (CR), que cada año se registran en el mundo cinco millones de personas intoxicadas por estos venenos; el 74% en América Latina. Que en el Caribe insular y Centroamérica, particularmente vulnerables, por la escasa regulación, falta de vigilancia, incumplimiento de normas y poca información, para el 2000 la tasa anual de intoxicación aguda fue 19.50 / 100 mil; la de mortalidad 2.10/100 mil”. Aunque luzca exagerado, en una población de 10 millones podría esperarse hasta 19,500 intoxicaciones agudas y 2,100 decesos cada año; hay cifras del SICA que no desmienten la posibilidad. Frente a esta pandemia y sus riesgos en RD, Salud Pública, con la cooperación de FAO y CR, puso en manos de los médicos la “Guía para el Diagnóstico de Intoxicaciones Agudas por Plaguicidas’’ (2014). Procuraría iniciar ‘un proceso de revisión sistemática para el ejercicio de la medicina relacionada con estos tóxicos basada en las evidencias’, un propósito comedido, teniendo en cuenta lo que se sabe de estos tóxicos relacionados con cáncer, infertilidad, atabales congénitos, desórdenes neurológicos, diabetes, etc. Sobradas son las sospechas con el autismo. ¡Solo se verían las emergencias! Falta de información Con las evidencias a mano, tocaría a Proconsumidor entrar a la utopía de su deber: informar, orientar y educar en transparencia, a los consumidores y usuarios -directos e indirectos, nosotros todos, sobre estos riesgos; si tuviese instrumentos para ello. Ha de esperarse, pues, que las enmiendas legislativas en el Proyecto que crea el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasaia), iniciativa de los importadores y vendedores de estos venenos, vayan en esa dirección y no solo para la inocuidad de los consumidores en el exterior, sin importar los de aquí. También serían buenas esperanzas que se entienda - para nuestra situación 70% población urbana, adicta a la fumigación- que hay más contacto con estos venenos en la ciudad que en el campo; no me refiero a los volúmenes de venta en las cuotas anuales comprometidas con los suplidores, se necesiten o no para la agricultura; sino al contacto individual en todas partes y los residuos en las comidas. No debería dudarse que en la autorregulación estén presentes esfuerzos de inocuidad para los consumidores y usuarios residentes; que lleguen hasta el despacho ejecutivo para promulgación sin suspicacias -en transparencia, sería bueno. Ha de esperase que antes los vio Proconsumidor con ellos, en sus debates entre ellos, en el negocio, y opino. Ellos han hecho galas propagandísticas durante mucho tiempo de lo que serían las Buenas Prácticas para el “ Uso Seguro” de sus peligros, y vaya la coherencia, las incluyen en las consideraciones para su autorregulación. Esto diría de reflexión sincera, de un borrón sobre las suspicacias que se escapan de sus archivos y soportan “La Falacia del Mito de las Buenas Prácticas, tanto desde los organismos oficiales como desde las instituciones privadas”(Admin. 2001). Desde luego, vivir siempre dopados de suspicacias no es saludable, de vez en cuando deberíamos confiar en la “Intención del Legislador”: “A la ley no debería atribuírsele otro sentido que no sea el explícito en sus términos, el legislador quiere estar en el marco legal para hacer justicia como obra humana y equidad como divina’’ (Montesquieu). Que legisle para sí mismo no es extraño, puede hacerlo, es parte ciudadana; además, lo que no es Esperemos, pues, por las evidencias de Salud Pública, quiérase o no, vendrán; si acaso la Guía no se fue con el exministro al zafacón. Oí que el ministro MAG, conocedor del negocio, dijo que esto quedará resuelto en unos años. Mientras tanto, cuidémonos, crucemos dedos.

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