URBANISTA DE CABECERA

El territorio DEMBOW y el Gran Santo Domingo

Avatar del Listín Diario
Marcos Barinas UribeSanto Domingo

Constantemente nos bombardean con la idea de que somos una sociedad eminentemente urbana. A veces hasta se atreven a darnos cifras, 73% urbano y un 27% rural. Sin embargo, no hemos determinado a qué nos referimos con el término urbano, sus cualidades espaciales, determinantes económicas y sociales o su complejidad en términos administrativos. El Gran Santo Domingo, la huella urbana del territorio de nuestra ciudad capital, es un territorio que no ha podido vincular su crecimiento físico a una estructura administrativa eficiente, y esto no ha permitido que sus impactos ambientales y sociales sean medidos y controlados. Más allá del Distrito Nacional la ciudad se convierte en una periferia difusa y contradictoria que debería ser considerada como suburbana, término que no existe en nuestra glosario territorial oficial. Antes del censo del 2010, un sector periférico como Los Alcarrizos no era considerado urbano, a pesar de su alta densidad y significativa población. Haina, uno de los municipios mas hacinados y contaminados, aparece en el censo 2010 con un porcentaje de ruralidad tan alto como un 44%. Las previsiones de la ONE del crecimiento de la ciudad han ignorado un aumento significativo de la población periférica de la ciudad, la cual prevén como estable, y no se han establecido principios que puedan clasificar matices de territorio mas allá del maniqueo urbano-rural. Sin embargo, existen características comunes para definir estos territorios periféricos que nos diferencian claramente de la suburbia norteamericana a la cual aspiramos: 1. Sus limites administrativos son confusos. 2. Poseen escasa infraestructura de servicio y equipamiento. 3. Están ubicados en áreas hídricas o ambientales muy vulnerables. 4. No poseen normativas de uso de suelo y desarrollo urbano. 5. Son sectores de baja densidad edificatoria y muy vulnerables a riesgos diversos. 6. Son territorios de gran crecimiento poblacional en porcentaje, duplicando y hasta triplicando su población en 10 años. Este territorio suburbano difuso, de baja densidad y con pocos servicios constituyó una tarea difícil para un solo gobierno municipal y culminó con la aprobación de la ley de División Político Administrativa del Distrito Nacional en el 2001, la cual buscaba reestablecer el “equilibrio político y económico a través de una modificación de la geografía urbana”. Sin embargo, la comprensión de la geografía urbana del territorio solo abordó lo político-administrativo dividiendo la ciudad en ocho municipios de condiciones económicas y estructura espacial desiguales, que aun hoy no cuentan con los instrumentos mínimos necesarios para su manejo. En esta periferia sin definición reposa el futuro de desarrollo de la ciudad de Santo Domingo. Nos preparamos a recibir un incremento poblacional significativo en menos de 15 años y es evidente que será depositaria de esta población. Se ha convertido en espacio clave para soluciones estratégicas vinculadas al transporte, los desechos sólidos y aguas servidas, y posee áreas agrícolas y recursos naturales fundamentales para el funcionamiento de la metrópolis. No en vano es ahora motivo de intensos debates políticos que buscan elevar de categoría administrativa sus parajes y distritos municipales. Nuestra percepción de lo urbano y rural ha sido tan simple como la vinculación geográfica que hacemos con los ritmos que aceptamos como nuestros, el merengue y la bachata. Pero nuevos ritmos y definiciones surgen y la estructura del territorio suburbano de la ciudad de Santo Domingo se parece más al “DEMBOW”, que no lo entendemos, no podemos clasificarlo, pero a pesar de nuestros intentos infructuosos por ignorarlo deberemos asumirlo en el futuro.

Tags relacionados