CON EL SUDOR DE SU FRENTE
Orgibe ha vivido a base de puntadas
Orgibe Cabreja encontró en la creación de prendas de vestir su medio para subsistir junto a los suyos, sorteando las dificultades de un entorno difícil.
La sastrería ha sido por más de 35 años el oficio de Orgibe Rafael Cabrera, quien ha podido levantar su familia a base de medidas y puntadas. Este es el trabajo que aprendió, el que le ha permitido sortear los embates de la exclusión social por la que muchos atraviesan en el país. A un lado de la avenida José Martí se encuentra su ya viejo y descuidado puesto de trabajo, adornado por objetos que parecen contar las historias que se han tejido allí, a través de la larga trayectoria de Orgibe Cabrera. Muchos lo conocen en Villa Juana, donde no solo se ha ganado el pan de cada día, sino el respeto de quienes viven y trabajan por allí. Sus primeros pasos en el mundo de la costura los dio durante la década de sus 20, en la fábrica Confecciones Germosén, donde afinó los conocimientos empíricos que tenía en el arte de la creación de prendas de vestir. “Yo aprendí a confeccionar pantalones, camisas, y trajes completos”. La necesidad ha sido su maestra. Su especialidad son los trajes para hombres y mujeres, los que les proporcionan la mayor parte de su clientela. La confección de un conjunto de chaqueta y pantalón en su taller de costura cuesta entre RD$3,000 y RD$4,000, pero recalca con insistencia que ese es el precio de la zona. “Un traje se lleva un tiempecito. Hay que dedicarle tiempo”, explica mientras intenta describir la dificultad de su oficio. Asegura que la pieza más difícil es la chaqueta. Los años ya le han conferido la habilidad de confeccionar un traje en un día. Y es que la experiencia no se improvisa, esa que ya le ha dado la agilidad suficiente. Ya a sus 62 años, ha podido mantener a sus seis hijos, un varón y cinco mujeres. Su hija mayor ya tiene 31, mientras que la menor de las hembras, 20. El varón tiene 15. Los dos menores aún viven con él y su esposa. Describe su trayecto como un poco complicado, porque entiende que no ha conseguido todo lo que ha querido, pero “los hijos están ahí. Los que han querido educarse, se han educado. Recientemente se me graduó una de la universidad, de Mercadeo, la mayor, pero ellas siempre tuvieron la oportunidad”. Su padre las ha ayudado. “Prácticamente en estos últimos años me gusta más el oficio porque no hay más opción, a pesar de que tengo otras profesiones como, por ejemplo, la fotografía. Pero estoy en lleno en esto y ya tiene que gustarme a esta altura de juego”, manifiesta. Es fotógrafo de eventos personales. Aprendió en una escuela y tiene algunos clientes que atiende durante los momentos en que no se encuentra frente a la máquina de coser. “Pero generalmente estoy aquí”, en su puesto de costura, afirma como si se tratase de su fuerte, de su dominio. En el kilómetro 14 de la autopista Duarte se encuentra su morada, que comparte con su esposa y sus dos hijos menores. Ella es su compañera desde hace 32 años, junto a quien ha levantado poco a poco su vivienda. “La hemos ido construyendo al paso, no es una casa grande, pero cabemos ahí”. Aunque sus hijos menores no saben aún qué quieren estudiar en la universidad, su deseo es “el de todo padre: verlos triunfar”. Para él la situación económica del país no es la mejor. “Para nadie es un secreto que la economía está totalmente restringida, pero cada quien busca la forma de sobrevivir... pero la economía no está buena”. “Últimamente el asunto no ha estado muy bueno. La economía ha estado un poco restringida, pero siempre aparece algo”, comenta con cierta resignación. TrabajoEl sector informal tiene un gran peso dentro de la economía dominicana. En 2000 el 50.8% de las personas ocupadas operaban en el sector informal, y en el 2005, este porcentaje se elevó a 56.2%. Las cifras provienen de la Unidad de Información Social (UIS) del Secretariado Técnico de la Presidencia.

