INCERTIDUMBRE

Los residenciales también son vulnerables a inundaciones

ALGUNAS CONSTRUCTORAS NO TOMAN PREVISIONES FRENTE A LAS TORMENTAS

SANTO DOMINGO.- El placer de vivir cerca de la naturaleza, donde el canto de los pájaros se escucha por las noches y la corriente de las aguas de los ríos y arroyos ayuda a conciliar el sueño tiene un alto precio en la temporada ciclónica. De julio a noviembre de cada año se troncha este romanticismo que lleva a algunos capitalinos de clase media a comprar casas en las proximidades de los acuíferos, aprovechando los especiales de las constructoras o de los primeros propietarios que han huido del lugar. Viviendas de 1.5 y 2 millones de pesos se llenaron de agua y de lodo con la tormenta Noel en el residencial Rivieras del Haina, una zona totalmente urbanizada, levantada por una constructora de renombre que la dotó de todos los servicios básicos y cuyos planos fueron aprobados por las autoridades. También en el sector Los Rieles de Manoguayabo el agua fue implacable y no tomó en cuenta que vivían personas de ingresos medios que compraron casas atraídos por el verdor y la frescura de la zona, guiados por la garantía de los vendedores de que el río no crecía. Unas cien familias habitan en Rivieras, un complejo de unidades unifamiliares de las cuales cerca de 30 están a 10 metros de la orilla del río Haina, protegidas literalmente por un muro de aproximadamente dos metros de altura que esta tormenta irrespetó. José Manuel Vásquez, quien desde hace un año y medio habita en el residencial con su esposa, la rusa Elena Buchakovka, con quien procreó dos hijos, fue un refugiado más de los tantos que se cuentan en las riberas de los ríos, arroyos y cañadas de la Capital. El temor de sus hijos a que el Haina se los llevara lo hizo recoger algunas pertenencias y distribuirse donde familiares en lo que el agua salía de la propiedad, la cual está decidido a vender desde que encuentre un comprador. José Féliz se mudó hace dos meses en Los Rieles de Manoguayabo y no le recomienda a nadie que se mude allí después de ver su casa totalmente inundada y todos sus enseres dañados, pues en el momento en que se desató la tempestad no se encontraba en su hogar. Las juntas de vecinos de ambos lugares están decididas a reclamarles a las constructoras que les vendieron, una indemnización por las pérdidas económicas y daños morales, ya que a algunas personas la situación de desastre les ha afectado emocionalmente. Estos dos sectores tomados como ejemplo están localizados en el municipio Santo Domingo Oeste, donde el 60 por ciento del terreno, según el ingeniero José Pérez Sánchez, tiene accidentes geográficos: pendientes, arroyos, cañadas y ríos y representa un peligro para los habitantes. En esta zona de la provincia Santo Domingo se encuentra la cañada de Guajimía, la cual bordea 14 barrios en los que habitan unas 40 mil personas que se han asentado de manera arbitraria, sin planificación ni supervisión de las autoridades. Un estudio realizado por el Consejo Nacional de Asuntos Urbanos (Conau) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con el auspicio del Banco Mundial, declaró las riberas de los ríos Ozama, Isabela y Haina como inhabitables. Lo que motivó a darle esta categorización fue el reporte de que alrededor del 12.5% de los residentes en esas zonas sufren de constantes inundaciones cuando llueve y cuando hay fuertes fenómenos atmosféricos la vida humana se pone en peligro. Hace tres años los profesores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo se impusieron ante las intenciones de las autoridades académicas de levantar un proyecto habitacional en la autopista 6 de noviembre, declarada zona del Cinturón Verde de la Santo Domingo. No obstante, numerosas zonas que pertenecen a humedales han sido urbanizadas y se sigue construyendo en ellas con aprobación o no de los planos del proyecto.

Tags relacionados