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Economía & Negocios miércoles, 16 de noviembre de 2011
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Palabras de Manuel Diez Cabral

Palabras de Manuel Diez Cabral,
Presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada,
4ta. Convención Nacional de Empresarios.
16 de Noviembre, 2011.

La oportunidad que me brinda esta convención empresarial es un gran reto. No por todas las horas de trabajo y esfuerzo que conllevo hacerla realidad, sino, porque de alguna manera, me toca resumir el sentir de miles de empresas y empresarios que de una forma u otra han participado en este proceso de consulta y discusión que hoy culmina.

Primero que nada debemos agradecer a Elena Viyella de Paliza, coordinadora de este gran evento por haber aceptado el reto que el comité ejecutivo del CONEP le pidió, que retomáramos la Convención Empresarial. Sin su liderazgo y perseverancia, no lo hubiéramos logrado. De igual manera extendemos las gracias a la Cámara Americana de Comercio por su crucial rol en la organización de los encuentros provinciales y regionales.

A la vez, agradecemos al equipo de Marisol Vicens, Yandra Portela, Circe Almánzar, Grey Chireno y Rafael Paz, quienes juntos a los que conforman el equipo administrativo del CONEP, trabajaron incansablemente para hacer este evento una realidad.

El gran mensaje que escuchamos en estos importantes encuentros y reuniones el de romper la inercia. Comenzar a trabajar en lo que sabemos desde hace tiempo  tenemos que hacer para alcanzar los niveles de desarrollo que han  conseguido otros países. La razón principal por la que les presentamos el  video que vieron hace unos minutos fue para que no solo palparan que somos como país, sino como hemos cambiado en poco tiempo.

Más aun, las nuevas generaciones de dominicanos que están creciendo en la era de las redes sociales no van a aceptar a un sector empresarial que haga las cosas de la misma manera de siempre, y mucho menos a un liderazgo político que no entienda las nuevas realidades nacionales e internacionales. El poder social es una realidad que gravita sobre  todos los sectores hoy en día.

Este año el mundo se convulsionó en maneras inesperadas. Simples ciudadanos usando “Twitter y Facebook” tumbaron dictadores en Túnez , Egipto y Libia. En España, grupos de personas unidos bajo el lema de los  “los indignados” ocuparon plazas a nivel nacional en protesta por el mal uso de la democracia y en la India la campaña de un hombre contra la corrupción se volvió “viral”, llevando a miles a las calles en forma de apoyo.

Este poder social está también migrando al mundo corporativo. Estamos entrando en una nueva era de individuos empoderados que usan modernas tecnologías y las redes sociales para organizarse. La mayoría de esta gente son personas sencillas que están utilizando estas  herramientas para hacer que se escuchen los temas importantes para ellos y para exigir respeto. Hay un cambio en el paradigma del poder y su manifestación.

Sin embargo, no me cabe la menor duda de que las organizaciones  sociales públicas y privadas, gobiernos y empresas, en los países en desarrollo y  aun las de los países desarrollados, se encuentran poco preparadas para este nuevo esquema de poder social. La mayoría de las compañías de hoy en día no saben lo que se escribe en las redes sociales. Muchas ni siquiera hacen una búsqueda en Google sobre ellas mismas. Sin embargo, cualquier persona que va a buscar un trabajo en una empresa, es lo primero que hace.

El acceso a la información, su democratización,  es un cambio crítico en el poder social.  Anteriormente líderes políticos, económicos y sociales eran los que disfrutaban del poder de la información. Hoy cualquier ciudadano puede estar tan informado como ellos, gracias a las redes sociales.

En este nuevo mundo, gobiernos, empresas y líderes en general tendrán que mostrar transparencia, autenticidad, justicia y buena voluntad. De lo contrario, las consecuencias serán rápidas y en algunos casos hasta violentas. Sin embargo, contrario a lo que piensan algunos, todos estos cambios abren la posibilidad de  un futuro esperanzador para los países, sociedades y empresas que sepan acoplarse con rapidez a este nuevo esquema social. El mundo, cada día se está convirtiendo en más democrático y más espejo de la voluntad de las grandes mayorías.

La primera década del siglo XXI debió ser, para República Dominicana, una etapa de transición consciente hacia un modelo de desarrollo económico y social que nos permitiera garantizar una mayor calidad de vida, un mejor desarrollo humano para nuestra nación y un crecimiento permanente de nuestros sectores productivos.

En algunos aspectos, especialmente en el orden económico, esto fue así. Pese a la crisis interna causada por  las quiebras bancarias de los años 2003-2004 y a la crisis financiera internacional y sus repercusiones en las economías locales de los años 2007-2009, República Dominicana logró crecer. Incluso, puede afirmarse que las crisis externas no hicieron sufrir tanto nuestra sociedad como otras crisis en el pasado. Nuestra economía, a diferencia de otras de países más desarrollados, sufrió, pero no cayó en un profundo descalabro.

Sin embargo, nuestro crecimiento tiene mucho de paradójico. Mientras exhibimos un incremento promedio anual del PIB de 5.7% durante la primera década de este siglo, en el orden social hemos retrocedido en salud, calidad de la educación, seguridad ciudadana, competitividad y la generación de empleos formales, entre otros indicadores.

Hago alusión a la década pasada porque, como expreso el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, esta década que recién hemos empezado puede considerarse como el momento en que los países de América Latina, incluyendo el nuestro, realicen saltos que nos permitan estar en los primeros lugares entre los países de la región y, por qué no, del mundo.

Hans Rosling, académico sueco, experto investigador de las relaciones entre el desarrollo económico, la agricultura, pobreza y salud,  sostiene la tesis, como mostramos en el video con que iniciamos esta intervención, de que hace dos siglos las distancias en el desarrollo de las naciones no eran tan grandes como ahora. Que todos los países, en un grado u otro, mejoraron su calidad de vida en términos de riqueza y salud. También que algunas naciones despegaron en su desarrollo y, salvo algunos altibajos,  mantuvieron esa trayectoria durante todo el tiempo. Países que parecían rezagadas como Indonesia, La India, China y Corea, lograron despegar y colocarse entre las punteros. Aún más importante, el video muestra que si es posible dar saltos significativos en el desarrollo y calidad de vida, como también indica lo rápido que un país se puede quedar atrás si no toma las medidas de lugar.

Los últimos resultados de comparaciones internacionales claramente indican que nos estamos quedando atrás. Esto no quiere decir que no hemos mejorado, simplemente que no hemos mejorado al mismo ritmo que la mayoría de los países del mundo. Los más recientes resultados de las encuestas internacionales en temas claves de educación, institucionalidad y competitividad, indican que tenemos que transformarnos. En el último reporte del Indice de Competitividad Global, coloca a nuestro país en el inaceptable puesto de 110 entre 142 paises.

Distinguidos candidatos, empresarios, líderes sociales y políticos. Sencillamente, se nos acabó el tiempo. La era del “poder social” ya está aquí y las respuestas no pueden ser las mismas. Debemos reinventarnos y creer que podemos dar un salto importante en la dirección del bienestar económico y social del más alto nivel.

Contrario a quienes vaticinan desastres, creemos que esta, puede ser  una década de oportunidades, la clave está en  cómo capitalizarlas, cómo lograr beneficiarnos de  la apertura comercial; de los cambios tecnológicos; de nuestra ubicación privilegiada en el entorno de mercados de gran tamaño; de nuestra disponibilidad de recursos naturales; del potencial extraordinario de nuestra geografía e historia para el turismo, de la hospitalidad de nuestra gente y nuestra gran capacidad de adaptarnos a los cambios.

La transformación  que necesitamos no será el resultado de un acto de magia, sino que hay que diseñarla a corto, mediano y largo plazo; poniéndola en práctica mediante acciones decididas. Tomemos las decisiones necesarias con la valentía  requerida. Países como China, Singapur, Corea, Taiwán, y aún más cerca, Chile, Colombia, Perú, Brasil y Panamá entre otros, no lograron estos saltos importantes en su desarrollo por casualidad., Son el resultado de políticas económicas y sociales que han empujado ese desarrollo. Dejaron atrás las anclas que les impedían avanzar.

República Dominicana solo podrá cambiar con una  conducción política firme y activa que nos guíe hacia los senderos del desarrollo con la participación del sector privado y de todos los sectores sociales, incluyendo los partidos políticos de oposición. Tendremos que romper muchos tabúes  y esquemas que nos han dominado por años.

No podremos seguir haciendo reformas tributarias coyunturales porque sencillamente no es posible seguir cargando a los sectores que pagan los impuestos con más de lo mismo. El cálculo de la presión tributaria de la cual tanto se habla no incluye una serie de elementos como por ejemplo las cotizaciones obligatorias al sistema dominicano de seguridad social. Esta inclusión, elevaría nuestra presión tributaria a aproximadamente 15.5% del PIB ya que la seguridad social representa el 2.3% del PIB.

Esta presión tampoco incluye todos los gastos adicionales que se pagan por la falta de servicios eficientes que ciudadanos pagan de manera privada como son el agua potable, las plantas eléctricas, la recogida de basura y la seguridad, educación y transporte privado. No incluye además tarifas y tasas cobradas por organismos gubernamentales, como por ejemplo, las tasas portuarias y aeroportuarias.

Más importante aún, al ser cuestionada la población de Latinoamérica en el último informe Latinobarometro2011 sobre la magnitud de los impuestos que paga al fisco, la población dominicana, percibe tener la más alta carga impositiva de todos los países medidos. Por el contrario, Chile, país en el que la población paga bastante más que en República Dominicana, es el país en el cual menos gente sostiene que los impuestos son demasiados altos, porque la población tiene mayor confianza en sus autoridades y en lo que recibe a cambio.

Esta percepción está corroborada por estudios internos del CONEP que muestran una presión tributaria de más de un 26% para los sectores formales de la economía, aunque con variaciones importantes entre los distintos sectores, y de apenas un 10% para los sectores informales.

No queda otro camino que reinventar la manera de recaudar y gastar del Estado dominicano a través de una reforma fiscal integral. Ha llegado el momento de mejorarla calidad del gasto, atacar la evasión, ampliarla la base de contribuyentes y reducir  la informalidad. Serán decisiones difíciles, pero no hay marcha atrás.

En los últimos dos años la crisis mundial y en particular la norteamericana y la europea, han demostrado que aun los gobiernos más poderosos y sofisticados han cometido graves errores en la  administración de sus recursos y en sus niveles de endeudamiento. Esto demuestra que debe haber un estado de alerta y que debe ejercerse una supervisión a los gobiernos de parte de la sociedad civil en relación con estos temas. Especialmente  en  países de débil institucionalidad como el nuestro. Dice un sabio refrán que “el ser humano es bueno por naturaleza; pero supervisado es mejor!”. Supervisar el accionar de nuestros gobernantes en el uso de nuestros recursos  no es solo nuestro derecho, sino que es además nuestro deber ante nuestros hijos y las futuras generaciones. Los gobiernos no pueden seguir operando bajo la mira del éxito del periodo en que gobiernan y el que venga después como dicen popularmente “que resuelva”.Deben ejecutar medidas y accionar planes de continuidad a la estrategia país y a la estabilidad.

Temas controversiales como la ampliación de la base y posible reducción de la tasa del ITBIS, la eliminación de los impuestos distorsionantes y coyunturales,  como por ejemplo, el impuesto a los activos bancarios, el impuesto a los cheques, el aumento del impuesto sobre la renta, y el cobro del ITBIS en aduanas a las materias primas, entre otros, tendrán que ser afrontados sin mayor demora. De igual forma, la posible consolidación y eliminación de ministerios e instituciones con funciones solapadas y superfluas deberá ser considerada entre muchos otros temas. Para solo mencionar un ejemplo, ¿Cómo es posible la existencia de múltiples organismos encargados de regular el transporte público, la vivienda y el comercio exterior, que a la postre no ejercen una regulación efectiva?

¿Qué nos ha impedido estar a la cabeza del desarrollo, junto a países como Chile o Brasil? ¿Qué ha impedido que el crecimiento económico que hemos experimentado se convirtiese en bienestar social para más dominicanos?

Pasamos de un modelo primario exportador, fuente principal de empleos, divisas e ingresos fiscales, a un proceso de industrialización, luego a una economía de servicios y, finalmente, a un modelo de crecimiento basado en sectores no transables, es decir, aquellos no expuestos a la competencia internacional. Hemos avanzado desarrollando nuevos sectores, pero abandonando los anteriores e incluso tomando medidas que más bien los destruían. La mayor parte de las economías que hoy se presentan como exitosas fortalecieron nuevos sectores sumándolos a las vigentes, no sustituyéndolos.

¿El efecto?, Un crecimiento con profundos desequilibrios, con brechas que hacen prever que no será sustentable. Un crecimiento financiado en base a una deuda pública total que pasó de 17.2% del PIB en el 2001 a un 39.6% en el 2010. Este aumento de la deuda es de tal magnitud, que el pago de intereses y amortización de capital aumento del 9.3% de los ingresos tributarios en el 2000, a 37.2% en el año 2010.Esto significa que aproximadamente cuatro de cada diez pesos que ingresa vía tributos se destinan al pago de la deuda pública.

Este modelo de crecimiento  ha hecho posible que el consumo haya pasado  de 84.9% del PIB en el 2000 a representar un 93% del PIB en el 2010 superando al país que históricamente ha sido el ejemplo de “consumo” en el mundo: Los Estados Unidos. Un modelo que ha provocado que el ahorro interno caiga de 15.2% del PIB en el año 2000 a 7.0% del PIB en el año 2010.

El hecho de que las importaciones superen holgadamente a las exportaciones se refleja en el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, manteniéndose en niveles peligrosamente altos de entre un 5% y 10% del PIB en los últimos 5 años financiado con un creciente endeudamiento que no va dirigido a incrementar el capital, sino a fomentar el consumo.

El tema crucial es como fomentar y aumentar las exportaciones. Un tema difícil pero indispensable para romper la inercia que ha impedido conducirnos hacia la prosperidad del país y a la reducción del gran déficit de cuenta corriente que tanto nos pesa. Decimos difícil, porque enfocarnos en esta dirección requerirá de decisiones urgentes y valientes.

Un producto agrícola o industrial hecho en República Dominicana debe contar con las mismas condiciones fiscales que las que tiene su homólogo en un país competidor. De igual manera, el sector turismo, que exporta también, no debiera tener condiciones diferentes a la de los países de la región. Rompamos esta inercia y convirtamos a todos los sectores que producen algún bien o servicio en grandes motores de la economía dominicana. En definitiva, la competitividad debe ir acompañada de la equidad. Una exportación, es una exportación y punto, no importa en que parte del país se fabrique. Ya sean productos o servicios no podemos exportar impuestos.

Este será el gran antídoto contra el empleo informal, a favor del bienestar social y la seguridad ciudadana. Sencillamente no nos podemos seguir dando el lujo de tener un empleo informal de un 57%. Jamás obtendremos seguridad ni combatiremos el crimen sin empleos dignos para la población. Los sectores mas indicados a liderear esta creación de empleos formales, serán los sectores productivos de la economía.

Con urgencia debemos modificar las estructuras que han mandado las señales incorrectas a los sectores productivos. Aboquémonos de inmediato a la eliminación del concepto de renta mínima presunta, el 1% a los activos. Impuesto que impide la formalización de sectores, especialmente a micro, pequeños y medianos empresarios e impacta de manera injusta al que no tiene acceso a capital.

La misión de todo empresario es tomar riesgos e invertir. No de garantizarle al Estado que no importa el riesgo que se tome, el resultado siempre va a ser el mismo: ganar dinero. Un estudio de cientos de pequeñas y medianas empresas que iniciaron su vida corporativa en 1992 en Estados Unidos indica que diez años más tarde, solo el 29% de esas empresas sobrevivían. Y es que hacer negocios es riesgoso y tanto así que muchas de las empresas que lo intentan no lo logran. No ahuyentemos las inversiones penalizando a los que deciden tomar el riesgo.

Si existe algo de lo que nos podemos sentir orgullosos, es de haber aprendido la importancia de contar con un sistema financiero robusto. Sin embargo, tenemos  que lograr que, manteniendo una banca sana, el sistema financiero canalice más recursos a la producción y menos al consumo., De igual manera, debemos retomar el camino hacia un sistema en que el Banco Central sea regulador y no competidor y  que permita a la vez mantener tasas de interés competitivas. Será importante que el tipo de cambio refleje el diferencial de inflación con los principales países competidores de modo que los costos internos no saquen de competencia a la producción nacional.

Hemos dicho que el mejor antídoto contra la informalidad y la inseguridad ciudadana es el empleo formal, pero no podremos  fomentarlo sino rompemos la inercia y nos abocamos  a adecuar nuestra legislación laboral. La  misma ha funcionado por casi 20años, pero llego el momento de modernizarla para evitar que sigan sucediendo las grandes vergüenzas que vemos de manera recurrente  en nuestro país. Turistas sacados de hoteles huyendo públicamente porque abogados inescrupulosos compran casos amparados en disposiciones del código actual y  ejecutan abusivamente sentencias afectando  sectores claves para la economía dominicana. Señoras y señores, más de 15 hoteles del este han sido víctimas de esta mafia organizada y esto no puede continuar porque está afectando el clima de negocios y la imagen de nuestro país en el exterior.

Igualmente, empresas industriales de Zona Francas, de la construcción, y de todos los sectores, se han visto enfrentadas a desalmados con sentencias laborales  a cañón de pistola como en el viejo oeste. En gran parte amparadas en la legislación laboral vigente que ha incentivado este terrorismo laboral.

Estamos seguros de que podríamos atraer más inversión extranjera si resolvemos problemas como estos y  otros bochornosos como los actos vandálicos para impedir la libre contratación del transporte de carga y de personas.

Amigos presentes, si existe un aspecto que ha sido abordado por todas las regiones y sectores  participantes en esta Convención Empresarial, lo es el problema del servicio eléctrico. Afortunadamente en el pasado reciente se ha  estado restaurando la confianza de los actores en el sector, lo que ha estado permitiendo y permitirá nuevas inversiones en generación para poder suplir la demanda en los próximos anos, confianza que deberemos mantener en un próximo gobierno. Sin embargo, es necesario retomar los principios y objetivos fundamentales de la reforma del Sector Eléctrico, reduciendo de forma gradual las funciones de la CDEEE, traspasando al sector privado la distribución y comercialización de la electricidad,  fortaleciendo la Comisión Nacional de Energía como diseñador de políticas en el Sector y logrando una verdadera independencia y eficiencia en la Superintendencia de Electricidad como ente regulador capaz de aplicar todas las medidas necesarias.

Se hace urgente que las decisiones en el sistema eléctrico estén al margen de la política, que podamos lograr que todos los ciudadanos paguemos el precio real del servicio eléctrico. No podemos seguir dándonos el lujo de permitir que una parte de la población no pague el servicio eléctrico para no asumir un costo político. El déficit del sector eléctrico ya se ha convertido en un gran problema fiscal para nuestro país.

Otro tema de gran preocupación es el de la integración comercial y los acuerdos de libre comercio. El balance comercial, como hemos dicho, se revela como deficitario. Sin embargo, la solución no consiste en cerrar nuestra economía, pero sí hemos de tener claridad y prudencia en cuanto a nuevos acuerdos de libre comercio. No firmemos más acuerdos, hasta tanto no tengamos las condiciones para sacarles el provecho adecuado a los mismos.

Un tema transversal discutido ampliamente en los últimos días en las reuniones de este evento es el reclamo generalizado que necesitamos fortalecer nuestras instituciones y demandar el cumplimiento de la ley.

La institucionalidad es un requisito indispensable para la competitividad. Por eso los países que han logrado niveles avanzados de desarrollo y considerables estándares de competitividad han tenido como base un fuerte sistema institucional.

A pesar de esto, muchas veces actores políticos o funcionarios del gobierno se sorprenden cuando el empresariado fija posiciones sobre temas institucionales.

Parecerían entender que la institucionalidad es un tema que sólo corresponde a los políticos o a los abogados. Y no es así.  La institucionalidad compete a la sociedad en su conjunto y es un tema de primer orden para el sector empresarial el cual se ve afectado directamente por los costos adicionales que se generan a partir de la falta de institucionalidad.

República Dominicana es uno de los países de la región con menor nivel de transparencia presupuestaria. De conformidad con el Informe Latinobarómetro 2011 nuestro país está en el último lugar en transparencia del Estado. La sociedad tiene el derecho de participar y opinar activamente en la orientación del gasto y la inversión pública, y el empresariado como sector de gran influencia está llamado a promover esto. Como todos sabemos, muchos de nuestros problemas radican precisamente en la falta de cumplimiento de la Constitución y las leyes.  Hemos sido proactivos a la hora de aprobar modificaciones constitucionales y nuevas leyes, pero no así para cumplirlas.

La justicia es piedra angular del desarrollo. Aunque a partir de la constitución de una nueva Suprema Corte de Justicia en el año 1997 hemos tenido grandes avances en lo que respecta al Poder Judicial y algunos más modestos en el Ministerio Público, nuestro sistema de justicia afronta importantes retos con la integración del nuevo Tribunal Constitucional y la renovación de la matrícula de la Suprema Corte de Justicia.  Es necesaria una total transparencia en este proceso de selección que asegure la idoneidad de los magistrados y el fortalecimiento de la independencia del poder judicial.

Por otra parte, tenemos una enorme deuda en materia de combate a la pobreza. Vivimos en un país con profundas desigualdades sociales, sectoriales y regionales. Si bien la implementación del sistema dominicano de seguridad social constituyo una gran conquista social, tenemos por delante importantes desafíos para asegurar una mayor cobertura, la sostenibilidad financiera, la garantía efectiva de prestación de servicios de salud y de riesgos laborales, así como una rentabilidad que garantice una pensión digna para los trabajadores.

Importante en estas reuniones también ha sido el tema migratorio. El mismo debe ser abordado como una prioridad nacional así como la puesta en marcha de un verdadero plan de seguridad nacional integral que pueda atacar efectivamente el crimen organizado y restaurar la confianza en las fuerzas de seguridad del Estado.

Amigos, debemos animar a las empresas a repensar sus productos, servicios y estrategias con una visión global de responsabilidad social. Debemos impulsar nuevas oportunidades centradas en la sostenibilidad como un buen negocio y motivar a nuestros empleados y juntas directivas a estimular liderazgos socialmente responsables. Es el momento de promover la producción y el consumo responsable, a través de cambios de comportamientos e innovación.

La educación es una condición fundamental para que haya una mayor prosperidad y una mejor distribución del ingreso en República Dominicana, por ello en este momento estamos proclamando que para el empresariado la educación no es solo un problema social, es además un problema económico.

Como ya todos sabemos, nuestras notas en materia de educación no son buenas. El tema en los últimos años y meses ha  tomado  más vigencia que nunca y es quizás el ejemplo más pragmático del poder social dominicano que mencionábamos al principio de este discurso. Hay un reclamo a voces unidas de que la educación es el presente y el futuro de nuestro país.

Distinguidos presentes, si bien debemos enfocarnos en mejorar la calidad del gasto en educación, conscientes de que nos falta mucho por recorrer en ese sentido, nunca podremos alcanzar mayores niveles de calidad en la educación si no invertimos en ella. Hace años que el país debió de haber estado invirtiendo eficientemente más del4% en la educación. Invertir en educación constituye el mejor esfuerzo para el progreso, bienestar y dignidad de nuestro país, pero también constituye el mejor retorno sobre una inversión El empresariado ha dejado claro en esta convención, que la educación  es la clave de la competitividad de los sectores productivos.

Romper la inercia significa colocar en primer plano nuestras fortalezas, sin dejar de confrontar las debilidades que nos impiden ser una nación netamente exportadora; asumir la apertura comercial como un conjunto de oportunidades, sin minimizar los riesgos. Implica tener políticas estables y seguridad jurídica, sin dejar de responder a las necesidades de determinadas coyunturas; aprovechar la disposición y flexibilidad de nuestra fuerza laboral, sin dejar de entender que su cambio y el incremento de su capacidad es un proceso que nos llevará al menos una década. Es decir, mirar el mañana sin desechar el presente.

A los candidatos a la presidencia aquí presentes, quisiéramos expresarles la necesidad de establecer un diálogo permanente a través de este gremio empresarial para empujar estos cambios de la única manera posible: juntos. A pesar de las diferencias  que seguramente habrá entre el empresariado, los poderes públicos y sectores sociales, nunca dejemos de interactuar y de buscar soluciones. Hagamos un calendario de reuniones permanentes que nos ayuden a medir el progreso de los pasos necesarios que tendremos que dar para resolver  muchos de los retos antes mencionados y no esperemos a momentos de crisis para vernos la cara. Estas palabras son tan solo un esbozo del sentir del sector empresarial dominicano plasmado con amplitud en las exposiciones y las resoluciones aprobadas en esta IV Convención Empresarial. Les exhortamos a ponderarlas con la misma buena voluntad que las estamos presentando.

Para finalizar, quisiéramos volver al principio, “rompamos la inercia”. Es posible ser parte de ese mundo de alto bienestar tal y como señalaba Hans Rosling, pero tenemos que aceptar la necesidad de transformar las estructuras que nos han funcionado de alguna manera para llevarnos a donde estamos. El poder social es una realidad. El ignorarlo sencillamente nos llevara al fracaso.

Nuestro tamaño geográfico no será un factor importante. El más reciente informe del Foro de Competitividad Global 2011 revela que el tercer puesto en competitividad a nivel mundial,   lo ocupa un país minúsculo llamado Singapur. Por encima de Estados Unidos, Alemania, Japón y Finlandia. Si medimos el ingreso per cápita como fuente de bienestar, podemos ver que los primeros cinco países en el mundo: Qatar, Liechtenstein, Luxemburgo, Bermuda y Singapur, son todos geográficamente más pequeños que Republica Dominicana.

Ojala que en diez años, el señor Roslings haga otra presentación sobre el desarrollo de las naciones y aparezcamos como ejemplo de un gran salto. La tecnología no nos permitirá quedarnos donde estamos. Si no vamos hacia adelante, nos estaremos quedando atrás. En este mundo globalizado ya no hay dónde esconderse.

Para enfrentar y adaptarse al cambio sin traumas, lo importante es tener la visión de hacia dónde vamos e irradiar el optimismo de que si se puede. Michael Porter, el famoso académico experto en competitividad, aclara que crear una estrategia es el sinónimo de tomar decisiones; es deliberadamente escoger ser diferente.

Adoptemos este nuevo poder social como una fuente de creatividad, innovación y nuevas ideas y trabajemos en conjunto con  la humildad y visión país que hemos eludido hasta el presente. Los líderes, por definición, son personas que cambian mentes. Como líderes empresariales, políticos y sociales ayudemos a cambiar las mentes de nuestro sector y del país. La voz de uno puede ser escuchada por muchos, la voz de muchos es escuchada por todos. Escojamos un nuevo camino. “Rompamos  la Inercia” y transformemos nuestra nación. Muchas gracias.

COMENTARIOS 1

Comentó: theolopez24
De:Estados Unidos, New York
Lic.Cabral, muchas gracias por plazmar en tan detallado discurso la realidad latente de nuestro pais. Es obvio que nuestro despegue como nacion esta sujeto a la inversion en la educacion y al cumplimiento de las leyes. La suerte esta echada, nos incluimos todos o perecemos todos.



16 nov 2011 10:42 p.m.
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