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Listin Diario
31 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 2:29 PM
Zona Este 25 Mayo 2013
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ENTREVISTA
Hilda Álvarez
“Las féminas de hoy en día no tienen que dejar de ser mujeres para ser madre”
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Roger Reynoso

Cuando uno se acerca a la directora del Colegio Saint John, Hilda D. Álvarez Pagán de Gerardino, el mito de la “directora ogro y terrorista” se cae. Como ella misma nos dice, esa es una imagen que se hace

necesaria para poder mantener el control de un plantel educativo que alberga a unos 500 niños y jóvenes.

Madre de tres jóvenes, a los que considera su centro y la parte más importante de su existencia, nos abrió las puertas de su hogar para intimidar con nosotros sobre su trabajo, su familia y su visión de lo que ha significado para ella asumir el hermoso rol de ser madre.

Para este mes de las madres, quisimos brindarle a nuestros lectores la oportunidad de conocer a una mujer especial, que, independientemente de sus quehaceres laborales, vida social, compromisos conyugales y domésticos, no ha perdido la perspectiva, y asume con gallardía la misión divina que sólo las representantes del sexo femenino están facultadas a ejercer: la de ser madre.

Y es que, pese a ser la directora de un centro educativo que alberga a cientos y cientos de niños de diferentes edades, a los ya no considera como sus alumnos, sino como parte de su familia.

“Los niños y muchachos del colegio son como mis hijos, a muchos de ellos los recibo cuando sólo tienen un año y medio, y se van ya convertidos en bachilleres”, señala.

Aunque quizás no sea su caso, ¿por qué a los directores (as) siempre se les ha visto como a “los ogros” de los planteles educativos?

A nosotros siempre se nos verá así porque representamos a la persona que mantiene la disciplina, el que vela porque no se hagan cosas indebidas y el que mantiene siempre vivas algunas metas por lograr. Aunque te puedo decir que, en muchas ocasiones, eso es sólo una fachada. En el último año, por ejemplo, cuando mis muchachos se van a graduar, nos vamos con ellos a un fin de semana. Es como una especie de retiro y diversión; lo único que les pedimos es que no tomen alcohol ni fumen. Como te decía, en mi caso, la directora no es tan “ogro”, pero es necesario imponer una disciplina.

¿Cómo considera el lidiar con tantos “hijos”?

Una bendición por todos los lados. Cuando esos muchachos logran un éxito en su vida, cuando se van durante cuatro años a prepararse fuera del país; cuando se casan, o tienen un bebé, muchos de ellos vienen a presentarnos sus logros y reconocimientos. Eso me llena mucho.

¿Siempre pensó que sería maestra?

Siempre estuve ligada a la educación, pero mi primera carrera fue la de Administración de Empresas. Cuando fui a la universidad por primera vez, en los exámenes de aptitud me salía Educación o Trabajo Social, y me dije: “La verdad es que con ninguna de las dos voy a poder vivir decentemente”. Fue por ello que opté por estudiar Administración de Empresas, en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU),  pues me gustaban mucho los negocios.

¿Y cómo se involucra en la educación?

En el 1993, cuando regresé a La Romana, y la necesidad de tener a mis hijos en preescolar, me llevó a buscar alternativas educativas que reunieran los requisitos que necesitaba para ellos, pero no encontré. Eso me llevó a poner un preescolar y, como para eso necesitaba la titulación, volví a la universidad a estudiar Educación.

Háblenos de sus hijos...

Ellos son mi todo. Mi centro, mi motivo de lucha, mi motivo de alegría, y algunas veces de tristeza cuando las cosas no le salen como ellos quieren. Ellos son el centro de mi vida. Tengo tres: el mayor, Enriquillo Alcides (igual que el padre); tiene 25 años, trabaja y vive con nosotros, estudió Mercadeo. De los tres, es el más cariñoso; Juan Óscar (el del medio), tiene 23 años, estudió Publicidad, también está con nosotros en todo lo que sea Relaciones Públicas. Él y yo tenemos el mismo temperamento, por lo que a veces chocamos, pero Juan Óscar es mi equilibrio, es muy maduro, con una mentalidad de progreso. También está Hildita, tiene 16, y es sumamente madura, con los pies plantados en la tierra. Es la que tiene el carácter más seco de los tres, pero es mi compañera de salón, playa y salidas. Al ser la única chica, la más pequeña y estar “alcahueteada” por sus hermanos, es un poco malcriada (risas).

Tres personalidades diferentes…

Así es. Soy de las que cree que a los hijos se les quiere diferente. Ese cuento de que “No, yo los quiero a todos iguales” no va conmigo. Yo daría lo mismo por los tres, pero los tres se quieren de forma diferente.

¿Cómo fue su niñez?

Me crié en La Romana. Estuve hasta los 7 años en los campos (bateyes del Central Romana: Higüeral, Cacata, etc.). Papá fue, primero Jefe de División del Central, en el área de Agricultura. Los que ostentaban ese cargo tenían unas casas grandotas, con patios inmensos, con patos, caballos (teníamos un pony), y todo eso lo viví durante mis primeros 7 años. Éramos muy felices y, puedo decirte que no nos criaron con dinero. Mi padre terminó el bachillerato, pero no hizo la universidad; sin embargo, llegó a ser vicepresidente del Central Romana. Como te dije, dinero no teníamos, pero sí tuvimos mucha educación y mucho amor. Tengo padres ejemplares. Siempre digo que me sentiría satisfecha si llegara a darle por los tobillos a mi mamá, ser para mis hijos lo que ella fue para mi hermano y para mí como madre. Ella era de esas madres que se levantaba a preparar el desayuno, llevarnos a coger la guagua para irnos al colegio, y a la llegada, preguntarnos cómo nos fue. En ella tuve una amiga que me enseñó a confiar en ella, pero además, nos enseñó a trabajar. Fuimos muy privilegiados, pero aprendimos a ganarnos las cosas. Mi hermano, por ejemplo, tenía que pasarle siempre la máquina a la grama, y cuando quería ir al cine, tenía que cortarle el césped a los vecinos para conseguir ese dinero. Recuerdo, en mi caso, que una vez explotó un tanque de una sustancia que parecía melaza y llegaron un grupo de obreros para limpiarla, yo aproveché y saqué una mesita y comencé a vender limonadas.

¿Siempre ha vivido en La Romana?

No. Luego de eso vinimos al pueblo, comencé a estudiar en la Escuela Abraham Lincoln hasta octavo grado. A los 15 años me fui a Santo Domingo, a estudiar el bachillerato en el Carol Morgan. Me gradué en tres años porque fui a Puerto Rico a tomar el último inglés que me faltaba. Al regreso, me quedo nuevamente en la capital, trabajando en el Carol Morgan con los pequeños en la mañana y voy a la UNPHU en la noche; me caso y estuvimos allá hasta mi segundo embarazo. Después de laborar en Carol Morgan, comienzo a trabajar en la Embajada Americana, pero sólo duré un año, porque mi segundo embarazo fue un tanto complicado y me mandaron a reposar (a acostar). Mis dos primeros hijos nacieron prematuros. Mis padres aquí, yo allá sola, aunque estaba con mi esposo; él trabajaba y no había nadie que me cuidara. Me traen a La Romana y el niño nació sietemesino. El doctor me aconsejó que no me lo llevara y me quedara aquí. Le hice caso al médico y para mi buena fortuna me ofrecieron trabajo en el Colegio Abraham Lincoln. Pero eso tuvo sus problemas, pues mi esposo trabajaba allá con el Banco Popular. Tuvimos que esperar dos años hasta que logró su traslado a La Romana.

Como madre y maestra, ¿a qué se debe la descomposición que se observa en muchos jóvenes?

Se habla mucho de la juventud de hoy en día, pero yo los veo como el mismo niño de siempre, más tecnología, obviamente, pero sigue siendo el mismo niño. De su forma de ser y actuar, mucha culpa la tenemos los padres. Creo que las madres deben tener claro cuáles son sus prioridades y nada dará más satisfacción que tú tener una familia unida e hijos felices. No hay dinero, no hay cirugía, no hay botox, nada te dará una satisfacción más grande que ver a tus hijos felices; y tener a un viejo, aunque sea un cascarrabias, para recibir a los hijos y a los nietos cuando te vengan a visitar. Yo quisiera que Dios me permitiera esa bendición.

Las féminas de hoy en día no tienen que dejar de ser mujeres para ser madre. No estoy diciendo que no luzcan, que no se vean bien, pero no pueden salir a competir con sus hijas; tienen que poner disciplina y los muchachos necesitan disciplina. Tienen que estar presentes para sus hijos, deben dedicarles tiempo; no hay iPhone 5, no hay tablets, ni ropas caras que suplanten el tiempo que tú le dedicas, el sentarte a conversar, saber cuáles son sus intereses, sus miedos, aprender a abrir puertas, no a dar llaves.

¿Qué consejo le daría a esas mujeres que quieren ser madres?

Hay que prepararse mentalmente para un niño, pues ellos no deciden venir, llegan porque tú los traes. Si esa es una decisión que vas a tomar, que sea pensada y consensuada con tu pareja, que sea una decisión madura, para que les puedan dar todo lo que esa personita necesita para su desarrollo, y no estamos hablando de cosas monetarias, no es eso de lo que estamos hablando. Es tanto así que Papá Dios te manda al bebé y te llena los senos, que se los puedes dar hasta que tenga dientes. Toda persona que pueda quedarse los primeros dos años con su hijo, que se quede.

Traer un hijo al mundo es como un proyecto de vida, es como la planificación para comprar una casa o un vehículo, así también planifica tu familia. ¿Qué es lo que quiero para mis hijos? ¿Cómo lo voy a lograr? ¿Qué tanto puedo contar con mi compañero? ¿Qué tanto estoy preparada para esto?

Y para las que ya están embarcadas en esto de tener familia, que se apeguen un poco hasta, qué te puedo decir, de la Escritura, de la religión que profese. Los mejores consejos de cómo criar a tus hijos los vas a encontrar en la Biblia. En el último de los casos, busca ayuda profesional externa para saber si la forma de crianza que estás llevando a cabo es la correcta: hasta dónde puedo permitir, hasta dónde no; en qué soy permisiva, a qué edad puede un niño comenzar a tomar, y si lo necesita. Les aconsejo que se edifiquen, que lean, que busquen.

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