Se ha dicho que las dificultades por las
que está pasando la cúpula política del Partido Revolucionario Dominicano (PRD)
no ponen en riesgo la democracia porque el sistema político está fuerte y
estable.
Resulta cómodo ver el fortalecimiento y
la estabilidad del sistema político desde las cúpulas políticas o cómo
funcionarios porque, como administradores del botín del Estado, tienen
resueltas sus necesidades básicas.
Pero, quién puede ocultar que el Partido
Reformista Social Cristiano (PRSC) está semi-destruido, que en el PRD hay una
división irreconciliable y que en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD)
es cuestión de que se forme esta nueva oligarquía para que resurjan las pugnas
de la división política.
Esta lucha fratricida dentro y fuera del
gobierno durante más de cinco décadas por raciones de poder y acumulación de
riquezas ha anquilosado su vida orgánica interna e impedido la solución de los
problemas sociales.
Basta con mirar la dinámica de sus
estructuras las cuales se han convertido en cascarones vacíos que solo se
activan en coyunturas políticas electorales.
Allí no hay democracia interna, ni
institucionalidad, ni liderazgo fuerte. Sus organismos no funcionan. Sus
actividades son manipuladas y las cúpulas políticas se han arrodillado al
capital nacional e internacional.
Todavía subsiste el caudillismo y el
autoritarismo. Se le rinde culto a la personalidad. Han incubado la cultura de
lo mío. No es posible el activismo político sin el clientelismo. Y no se
permite el relevo generacional.
Se han alejado de las doctrinas
ideológicas para acercarse al negocio político, a la trampa y a la podredumbre.
Tampoco tienen discursos. Se practica la demagogia, la falta de transparencia y
el tráfico de influencias, por eso prescinden de la manipulación económica,
mediática y electoral como instrumentos de engaños y mentiras para mantenerse
en el poder.
Ahora bien, estos grupos tradicionales a
su paso por el poder han formado oligarquías políticas las cuales han
administrado grandes fortunas que les ha facilitado maniobrar a una parte de la
población.
Estas oligarquías se asocian al
empresariado, se adueñan del presupuesto, se enfrentan por el poder y dividen a
los grupos tradicionales.
Sin embargo, durante más de cinco décadas
imponiendo un modelo de gobierno empobrecedor, corrupto y excluyente es natural que estos partidos
tradicionales estén un tanto desacreditados.
Este deterioro del sistema político no debe
inquietar al pueblo sino a la cúpula política, la iglesia, los empresarios, Estados
Unidos y a algunos medios de comunicación porque podría ser el principio del
fin de sus privilegios.
Ni la cúpula del PLD, debe alegrarse de
la desgracia del PRD ni este del entierro del PRSC ni viceversa porque tarde o
temprano esta corporación terminará hundida por nuestro pueblo en el zafacón de
la inmoralidad.
El riesgo que estos grupos, soportes de
la democracia oligárquica, se dividan cuando no existe un liderazgo de relevo
es que puede colarse la dictadura.
Hay que aprovechar estos momentos de
riesgo y debilidad de la democracia representativa para estimular la unidad
sobre la base de un nuevo liderazgo progresista que le abra las puertas a la
democracia participativa.