La mala suerte de Yomaira Esperanza Mota (La Yoma) empezó cuando su “Chino” murió a manos de la Policía en un supuesto intercambio de disparos. Siete meses de embarazo tenía nuestra querida protagonista cuando quedó sola en el mundo, luego de perder a su amado .
La impresión de ver a su marido hecho un guiñapo por las 37 balas en su cuerpo hizo que “La Yoma” pariera en la misma morgue a un niño raquítico, desnutrido y con los ojos bien abiertos, como si supiera de antemano el destino de miseria y dolor que le esperaba .
Su bebé nació con la cabeza de un tamaño extraordinariamente grande, una tal “hidrocefalia” decían los médicos, pero “La Yoma” no los entendía y solo se preguntaba quién pudo haberle echado ese mal de ojo a un ser tan inocente como su hijo .
La pobre muchacha, de apenas 17 años, pidió dinero a todo el mundo para sanar a su retoño, pero todas las puertas se le cerraron de golpe en la cara .
“El Gobierno tiene cosas más urgentes”, le dijo un distinguido ministro. “La Iglesia tiene que construir más templos”, le advirtió un cura, que también la invitó a pedirle ayuda a Dios .
“Hay que imprimir más papelitos de salvación”, le respondió un evangélico, al tiempo que le aconsejaba que se entregara al Señor porque se acercaba el fin del mundo. “Le debe dar vergu¨enza pedir en la calle”, le voceó una señora desde una yipeta. “Búscatela en la Duarte”, le recomendó una vecina. “Vende droga que eso resuelve”, le comentó el delivery del colmado .
Y mientras eso pasaba, la cabeza de su bebé seguía creciendo y parecía que quería competir en tamaño con la luna .
“Una ayudita pa’ mi niñose, pa’ curarle la cabecita que el dotoi dice que ta’ llena de agua”, son las únicas palabras que salen de la boca de “La Yoma”, quien luego de perder a su angelito deambula por las calles, con el sucio que cubre su piel y el polvo que pinta de color indefinido su cabello, mientras te mira con unos ojos a los que, hace rato, abandonó la razón .
Gracias,,