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Religión/Senderos 6 Enero 2013
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REFLEXIÓN

Seguir la estrella de Belén

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Teresa Valentí Batlle M.C.J.

¿Eran Reyes? ¿Eran Magos? Según los entendidos eran sabios estudiosos de los fenómenos estelares como portadores de fuerzas trascendentes y misteriosas que influyen en el devenir humano. Astrónomos fieles, tenían fe en lo que descubrían. Proseguían su intuición.

Les sorprendió una estrella y se dejaron conducir por su luz. Ellos no imaginaban que, a lo largo de los siglos, lo que ellos contemplaban sería recordado como una de las fiestas más entrañables del mundo cristiano. Ellos se arriesgaron. Caminaban hacia el mundo de lo desconocido. La Epifanía o manifestación de Dios se les iba a hacer visible en un lugar humilde. Allí, los ángeles cantaban y deseaban la paz. Los pastores que velaban al raso (gente con mala fama) reciben el mensaje y corren a ver lo que se les anunciaba.

El sentido de la Epifanía está en lo que tiene de revelación de algo que antes desconocíamos. Para los niños, ese sentido se ha trucado con regalos que ellos eligen previamente y los compran con sus familiares. El espacio y el tiempo para la sorpresa de la “Noche de Reyes” ha desaparecido. Me pregunto si se les recuerda que los regalos que reciben representan las ofrendas que los sabios de Oriente ofrecieron a Jesús: oro como Rey, incienso como Dios y mirra como hombre

En este tiempo de crisis, quizás podríamos plantearles a los niños la alegría de compartir que se experimenta cuando se renuncia a los caprichos y al tira y compra... Reciclar juguetes. Regalar los nuevos a los que nunca los han recibido. Con el testimonio de los adultos pueden aprender algo distinto que todavía no han vivido y que les hará sentir más y más felices.

Hoy, Dios nace en los millones de niños que no conocen más que la violencia, las guerras, el abuso de su dignidad humana, de su inocencia. Enfermos y hambrientos que mueren sin poder ser atendidos por falta de amor a nivel mundial. 

No hay que inspirar sentimientos de culpabilidad pero sí de responsabilidad. Cuando sean adultos podrán mejor luchar a favor de la paz y de la igualdad entre todos los humanos. Sabrán prescindir de cosas que no son esenciales para ser felices. Esto exige, a los que están cerca de ellos, iniciarles en una vida cristiana desde que tienen uso de razón.

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