Una profunda comprensión de la vida surge cuando miramos al pasado y nos percatamos que los momentos más difíciles fueron los que nos empujaron y movieron hacia un estadio superior.
La evolución es ascendente, en espiral.
Antes de un ascenso, se produce un descenso. En crisis necesitamos quien esté capacitado para darnos la orientación adecuada, el auxilio de un terapeuta o un profesional de la conducta que por su objetividad y pericia nos apoye a tomar las decisiones más idóneas.
En los momentos de oscuridad, de agobio y crisis que parecerían interminables, nos urge meditar, mirar dentro, desarrollar la fortaleza interna y espiritualidad. Cuando nos paramos en nuestros propios pies, y nos percatamos de quienes somos en realidad, transeúntes de paso que se marchan portando lo mismo que trajeron, solo se llevan lo vivido, superamos la falta de humildad y el gran ego que nos separa. Podemos sentir entonces compasión y ser benevolentes.
¡Seamos felices!