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EL CORRER DE LOS DIAS

El retorno del general Garibaldi

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

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Giuseppe Garibaldi retorna a Italia luego de doce años en América, habiendo participado siempre o casi siempre, en luchas de gobiernos contra gobiernos y en múltiples aventuras.

Ahora, con su larga experiencia, su familia americana, su única obsesión, si así podemos llamarla, es la unidad de Italia, y con ella la de un país con los mismos ideales republicanos.

De seguro que el presidente Lincoln, quien entonces luchaba por impulsar en los Estados Unidos de América también la idea de unidad que para Italia proclamaba Garibaldi, le pidió su concurso y trató de “convencerlo” para que se incorporase junto a él a una lucha que era no solo republicana, sino racial. Existen puntos biográficos parecidos entre Garibaldi y Francisco de Miranda.

La toma de las llamadas “Dos Sicilias” que incluía Sicilia y el Sur de Italia, cuya capital era Nápoles, fue exitosa luego de inconvenientes que Garibaldi supo vencer, tales como los cambios ideológicos y de posturas de muchos de los participantes en la lucha, pero, sin embargo, el dominio de los borbones, dominantes en todo el sur de la península se veía ya bastante resquebrajado por el rechazo de las poblaciones sicilianas y del área, producto de la errática política del entonces rey de las llamadas “Las dos Sicilias”, Francisco Segundo.

Habiendo perdido la batalla de Vulturno, frente las tropas reales, Garibaldi se repuso avanzando con pocos soldados y miles de voluntarios que formaban de algún modo un tipo de ejército ideológico, con expertos ya en la lucha de guerrillas, y de antiguos miembros garibaldinos de los voluntarios conocidos como “Camisas Rojas”, acostumbrados a la lucha en precarias condiciones y seguidores de la idea caudillista que a muchos animaba pensando en el piamontés Garibaldi como próximo rey, gobernador o regente de la Italia una vez se lograra la victoria.

Para Garibaldi la liberación de “Las dos Sicilias” debería ser un golpe para la familia de los Borbones. Mientras Garibaldi tomaba Nápoles, el Rey Francisco II defendería su trono reorganizando un ejército de 40,000 hombres. Aunque por errores de comandancia Garibaldi venció a las tropas reales con apenas 7,000 voluntarios, usando métodos no convencionales..

Las últimas posesiones del rey Francisco II de “Las Dos Sicilias”, cayeron en1861 asediadas por tropas del norte; la unidad de Italia comienza a proyectarse, pero no es sino hasta 1870-71 cuando las zonas del mar Adriático comienzan a fundirse, y pueblos pequeños y aldeas se recogen en un solo bloque étnico. Garibaldi se ha ido retirando poco a poco hacia su vivienda en Caprera, una pequeña isla perteneciente a Cerdeña, comprada su mitad con fondos donados por su hermano Felice, y pintoresco lugar conocido por la crianza de cabras, y campesinos dedicados a la agricultura. (Del nombre cabra, capra, viene “Caprera”) .

Entre las historias de la lucha garibaldina es notoria la de Alejandro Dumas (padre), quien como admirador de Garibaldi le surtió de armas en un viaje a Nápoles, 1859, para continuar la lucha contra los borbones. Dumas compró cantidad de armas obtenidas en Marsella, y las transportó en el buque Emma de su propiedad, quedándose a vivir en Nápoles hasta 1865, desde donde sirvió a Garibaldi como Jefe de Excavaciones Arqueológicas y de Museos de Nápoles. Dumas se convirtió en corresponsal de la guerra garibaldina para varios órganos publicitarios. Escribió, como hemos dicho, el prólogo a la primera parte de las Memorias de Garibaldi. Se le ha considerado el creador de la corresponsalía de guerra. O la de Víctor Hugo, quien, al consolidarse la República Francesa, lo propuso como diputado por su obra libertaria, y por su intervención armada a favor de Francia, siendo sin embargo la propuesta rechazada porque Giuseppe Garibaldi no era francés. En esa Asamblea, en la que la derecha acusa a Garibaldi de múltiples hechos y rechaza su reconocimiento, Hugo pide la palabra y señala: “Francia ha pasado apenas por terribles hechos de los cuales ha salido sangrante y vencida; ella no ha encontrado otra cosa que la bellaquería de Europa. Francia ha tenido siempre en sus manos la causa de Europa, pero ningún rey, ninguna potencia se ha levantado para defenderla.

Solamente un hombre ha intervenido; las potencias como he dicho, han intervenido, pero ha intervenido un hombre, y éste es una potencia...”, señalando la intervención de Garibaldi en la lucha contra Prusia, Hugo afi rma, que de todos los generales franceses que tomaron parte en esa guerra solo ese al que se referirá, no perdió una batalla. “Por lo que pido convalidar la elección de Garibaldi”. Sin dudas Garibaldi había demostrado hacía largos años, que su nacionalidad estaba ligada a la libertad y a la justicia y no a un solo territorio.

El General Garibaldi, (1807- -1882) en una escueta nota lo agradeció: “ Mi querido Víctor Hugo: “Debería ya desde antes daros una señal de gratitud por el honor inmenso rendido en la Asamblea de Bordeux. Sin necesidad de manifestaciones escritas, nuestras almas son aun bien intencionadas, la vuestra por el hecho de haber actuado bien, la mía por la amistad y el reconocimiento que os debo desde hace mucho tiempo. El título para el cual pedistéis para mi nombre en Bordeaux es sufi ciente para toda una existencia dedicada a la sagrada causa de la humanidad, de la cual es usted el primer apóstol”.

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