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Listin Diario
20 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 9:17 PM
Puntos de vista 9 Agosto 2013
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PUNTO DE MIRA
Calma chicha
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Alfredo Freites
afreites.listin@gmail.com

Hay palabras que me gustan. Sonidos que escarbo en sus orígenes o usos. Las palabras son vestiduras del cerebro o arquitecturas del aire. Esas grafías que me hechizan como melopea de marinero, hacen que a veces vea lo que son sonidos y lo contrario. Así estoy en estos días con respecto al PRD. Me llegan como un eco el vocablo álgido y la expresión marinera calma chicha.

Cuando me dicen que algo está álgido, es decir, que está tan frío que quema, revivo el momento actual.

Después de la propuesta unitaria de Guido Gómez, Tony Peña Guaba y Eligio Jáquez, que tan mal le cayó a Hipólito (al extremo que los increpó en público), se habló mucho en los medios periodísticos. La iniciativa fue lubricante para la especulación. En los predios del Guapo de Gurabo se encendió la chimenea. Se reunieron los altos mandos por instrucciones del jefe. Había que preparar una réplica.

Se convocaron en las oficinas políticas de Hipólito y allí se destajó una presunta contrapropuesta a la idea de los tres dirigentes (que hablaban también por bocas de otros más), y a ellos se les dejó afuera, esperando la elaboración de una estructura verbal impresa, que tendrían que transportar como valija en tiempos de guerra, hasta el cuartel general de Miguel Vargas Maldonado. De repente los convirtieron, de gestores de la paz, de alquimistas de la áurea fórmula de compactación, en simples mensajeros.

Quizá el papel no gustó a los que aguardaban en la posta. Lo que pudo significar el armisticio, no ha llegado al  destinatario.

El martes se reunieron en conciliábulo los gerifaltes del hipolismo pero no encontraron la fórmula que impulsara una amnistía. Y aunque luego el vocero habló del envío, la misiva se perdió en la oscuridad.

Es en este ámbito que hablo de calma chicha. Cito a Arturo Ortega Morán: “Hablar de calma chicha es hablar de la quietud. Pero no de esa que cura la fatiga, no de esa que abre espacios a la meditación, no de la que es remanso en la turbulencia de la vida. Hablar de calma chicha es hablar de la otra quietud, la que desespera, en la que no hay negro ni blanco, ni frío ni calor, ni bien ni mal... la que sabe a muerte”.

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