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18 Septiembre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:26 AM
Puntos de vista 9 Agosto 2013
Comentarios 1 - último digitado en 9 Ago a las 7:56 AM
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EL CORRER DE LOS DIAS
¿ Soy el vacío?
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Marcio Veloz Maggiolo

Para mi amigo Juan Bosch, donde quiera que esté.

Soy el vacío, me encantan los recuerdos, pero estoy seguro de que si pudiera tocarlos se desharían. Un recuerdo que navega entre los dedos se deshace con facilidad. Así, perdidos en la memoria, los recuerdos son también la verdad dentro de su variada biografía deformable. Pertenecen, por su insonora realidad, a lo que imaginando somos incapaces de escuchar.

Los recuerdos son como parte de un cine mudo. Algunas voces vuelan en mi entorno pero la Sordera se opone a la fonética. El canto de las aves, recuerdo deleznado, me avisa oído adentro todo lo que escuché una vez. Es posiblemente un canto imaginario. Entre las aves que cantan en mis adentro sólo percibo los ruiseñores que mi abuela Fella Cabral criaba en jaulas de madera tejida. Oigo entonces con el sentido de la brisa y nutro de nubes silenciosas mi literatura, porque soy el vacío.

¿Podré copiar en un “papel ministro” aquella voz que imaginariamente siento dentro de mí como una espada de cristal opaco? No sé si es una voz o tal vez el remedo de un mugido poético como un rumiante me embalo tras de ella buscando sus diéresis y sinéresis sonoras pero no las escucho Hiatos y sinalefas se esconden y rechazan mis oídos.

Dos aparatos de cortina sonora inventan mis rumores pero no hay un sonido verdadero ya después de la pequeña pila que los nutre. La electrónica ha asaltado mis rimas. Las baterías deciden cuándo dejar de oír. Entonces, en ese momento cumbre de la insonoridad soy el vacío, me quedo con mi adentro y ajeno a la electrónica.

Presiento, invento el sonido del Mar de lo sargazos donde se alza el misterio, o de una playa donde Samaná me esclarece la historia muda de Cofresí luchando contra el Águila, y asimilo un opúsculo de Bernardo Vega, resumen luminoso, y obligo a la memoria que apoyada en la sierra cargada de ciguayos me permite igualmente, Leclerc a mi derecha, caminar entre franceses, ingleses y “turcos” de última hora.

En el vacío que se conforma con lo inaudible encuentro una nueva versión de noticias sonámbulas, mentirosas, surcando mis mares de alabatros y de espumas más blancas que sonoras. Por las calles del barrio andan mujeres bellas, de bella voz sensible al terciopelo, las escucho a mi modo; adusto en mi celebridad soy el vacío. Invento lo que escucho. Los ruidos se transforman en silencio y el silencio se apoya en la distancia desovando con metáforas muertas con verdadero atisbo de la perennidad; todo esto que chilla y que no escucho e imagino chillando es fronda del vacío, perenne como el alma.. Lo que suena lo sueño y en sueños oigo mejor que despierto. Así, en mis sueños de la madrugada oigo voces, tronadas, cañones, música de boleros, imágenes del viento, simún de los desiertos con arenas de fondo.

Desde la tumba de la fonética la estrategia de Edison es un juego de sombras, penetrando el vacío. Nunca pudo grabarse lo inaudible, aunque haya sido escrito, simulado en el territorio albo de cualquier novela.

Aquí en mi biblioteca los libros renuncian a la palabra y la palabra libro es una copia de sí misma buscando qué decirse. Circular cronograma de las transposiciones perpetuas, perpetuadas. Setenta y siete años me aseguran que podré hablar con Jehová, como Moisés, sin mover los labios y que él me escuchará aunque sea sordo. Su complacencia plena es “proverbial”, lo mismo su sordera, material de creaciones.

Me miro la corbata y escuchar sus colores me arrepiente de antes no haberla amado cuando era una metáfora, un viejo amor colgante. Soy el vacío, amigos, me hago el que todo escucha, y doy respuestas que todos me celebran mirando mi sonrisa y carcajeándose. despertando silencios que no escucho. Puedo inventar sus voces sin oírlas.

El grito de Tarzán se me ha escapado, no lo encuentro, y su mona Cheeta ha entendido mis planes y por ello hace muecas en un guión de cine fantasmal; alguien la está filmando, pirueta del sonido, alguien la está escribiendo día tras día.

Soy el vacío. Ayer vinieron mis primas queridas, Alicia y Gilda, conversaron conmigo, yo intuía sus voces aun canoras aprovechándome de su más allá, “estás muy reservado, soy tu prima querida, escucha por favor los nombres de familia, desátalos”... Adiviné en sus labios y hablaron a dúo como en mi infancia en casa de Tía Queta y Tío Miquico, cuya alma era algodón, mientras una milonga se enredaba en sus voces en el piano de Alicia. La guitarra de Gilda recordaba a Gardel en el bordón, Sánchez Acosta, entonces se acurrucó en mi sueño escuchando sus voces.

Alguien me susurró “vendrá la muerte y tendrá mis ojos”, e imaginando lo que no había dicho le contesté: lo sé, pensando seriamente, ya lo sabes también. Soy el vacío y soñé brevemente con miles de palabras y papeles sin ruido porque la vida vive a ras del sueño y es gaviota “como afanosa de volverse luz”.  

COMENTARIOS 1
Comentó: Papucho527
De: República Dominicana, La Vega, Concepción de La Vega
!Que bien! y hay gente en estos predios que sostienen que ya no se escribe en metáforas, la belleza de la expresión que anida en este destello de armonía y futuro pasa desapercibida para el ocupado que no las lee, sin embargo son piezas imperecederas que elevan arrobando el espíritu dominicano más allá de la intención contemporánea. Felicidades, por el aporte, por el crecimiento que implica la hermosa concreción poética que hará su propio nido.
9 Ago 2013 7:56 AM
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