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Puntos de vista 30 Agosto 2013
Comentarios 2 - último digitado en 30 Ago a las 12:04 PM
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A propósito de estrategias diplomáticas 
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Manuel Morales Lama

En el marco del proceso evolutivo de la diplomacia se han ido creando una cantidad considerable de estrategias y “modalidades”. Parte de ellas son la consecuencia de requerimientos contemporáneos y coexisten con procedimientos diplomáticos de ancestral origen que mantienen su vigencia con las necesarias adecuaciones a la realidad actual.

De igual modo, existen otras formas de ejecución de la diplomacia que suelen corresponder a etapas superadas de ésta, que deben tener espacio hoy solamente en textos y cátedras (o clases) de historia de las relaciones internacionales. No obstante, en la práctica actual, su uso en determinadas ocasiones, ha sido identificado por tratadistas de este tiempo.

En esa dirección debe señalarse que toda concepción de diplomacia que se aplique a la dinámica contemporánea debe contar evidentemente con los fundamentos esenciales que le concedan la consistencia debida y, asimismo, debe estar adecuadamente integrada al contexto económico, jurídico, político, incluso geográfico e histórico y, por supuesto, social y cultural de hoy. Teniendo en cuenta las “particularidades” del entorno internacional actual y de la nación que se proponga ejecutarla.

Una de las propuestas más recientes de “modalidades” de diplomacia es la llamada  “tridiplomacia”  (“tridiplomacy”), que corresponde a una iniciativa generada en “Fletcher School’s” de “Tufts University” de Estados Unidos, la cual está siendo objeto de estudios e investigaciones para establecer los elementos que garanticen el éxito de su implementación y desarrollo; incluso los métodos propuestos están siendo aplicados al análisis de temas actuales de este ámbito.

Esta “modalidad” de diplomacia propone una visión más amplia (“tridiplomática”) para la evaluación y consecuente ejecución de los asuntos que corresponden a las relaciones exteriores de  los Estados y otros aspectos de carácter internacional, recomendando que los gobiernos promuevan la participación coordinada de actores no estatales y de otros estamentos del Estado (en adición a la Cancillería y al Servicio Exterior), cuya competencia esté vinculada al tema de que se trate, dado que de esa forma podrían aportar su punto de vista y colaboración para asumir asuntos en el ámbito internacional con una visión más amplia y conveniente.

Cabe insistir en que una “modalidad” de diplomacia que ha adquirido, con el requerido fundamento, una importancia de primer orden a escala global, es la denominada Diplomacia Económica y Comercial que, en esencia, se propone obtener objetivos económicos por medios diplomáticos profesionalmente manejados. Es básicamente por esa razón que se ha convertido en un factor tan imprescindible como inseparable de la Diplomacia Convencional contemporánea.

Han tenido también una significativa participación en la formulación y ejecución de estrategias de política exterior, otras “modalidades” como la Diplomacia Pública (de la que forma parte la eficaz estrategia marca país), la ‘Cyber Diplomacy’ (o Diplomacia de Masas), la Diplomacia Ciudadana y la Diplomacia Digital, entre otras.

A medida que cambian los factores que inciden en el equilibrio del poder, se crean nuevas estrategias que generan herramientas de diversa índole con el propósito de poder enfrentar, convenientemente, los desafíos propios de la dinámica actual en la política internacional. Es de esta forma como se genera el “emergente” concepto del poder inteligente (“smart power”), término acuñado por Joseph Nye que ha sido adoptado hoy por mandatarios y académicos.

La implementación y desarrollo del poder inteligente exige medidas estratégicas de tal carácter que puedan combinar, si fuera necesario, determinados elementos del poder duro (“hard power”) con procedimientos propios del poder suave o blando (“soft power”).

Es evidente que “el ejercicio de la atracción” (poder suave) es menos costoso que la coerción, es decir, que el uso del poder económico o de la fuerza militar (poder duro), y además el poder suave es “un valor al alza”, dado que el liderazgo político entre los Estados tiende a transformarse en una competencia para lograr la atracción, la legitimidad y credibilidad, lo que suele depender de los valores que un país exprese en su cultura y en su nivel de superación, del ejemplo que establezca en la práctica de sus políticas públicas, en el debido respeto a los derechos humanos y en la forma en que maneje coherentemente la ejecución de su política exterior y sus relaciones económicas y comerciales. A diferencia del poder tradicional, cualquier país que se lo proponga puede tener poder inteligente.

Por último, como ha sido ampliamente reconocido por académicos y especialistas en este campo, el ejercicio de la diplomacia implica habilidades que deben cultivarse y que requieren la acumulación de una experiencia relevante en la aplicación “de la inteligencia y el tacto a la conducción de las relaciones entre los Estados” (E. Satow). Es lo que permite poder abordar convenientemente “la diversidad, la amplitud y la especificidad de la agenda internacional” (C. Barco), todo lo cual resulta fundamental para el ejercicio de una diplomacia “propositiva”, dinámica y realista, como lo requieren los tiempos actuales.

El autor es Premio Nacional de Didáctica y embajador de carrera.

COMENTARIOS 2
Comentó: luisemilioduran
De: República Dominicana
Embajador Lama cree usted que en la cancillería estarán conscientes de estos conceptos
30 Ago 2013 12:03 PM
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Comentó: franklinpeña
De: República Dominicana
Excelente, didactico,oportuno y directo al punto. Felicitaciones al embajador Lama.
30 Ago 2013 12:04 PM
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