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Puntos de vista 8 Julio 2013
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Tiempo para el alma
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Josefina Navarro
josefinanavarrog@gmail.com

“Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron”. 
Mt. 13: 17.

Los discípulos de Jesús fueron privilegiados. Estuvieron con él y participaron de su misión salvífica. Vieron prodigios y milagros, nadie se los contó; ellos estuvieron en primera fila acompañando a Jesús. Los cristianos de hoy somos también privilegiados. No tocamos a Jesús, pero lo sentimos; no nos sentamos a cenar junto a él, pero replicamos sus enseñanzas; no pisamos el mismo suelo que él, pero hemos emprendido el camino que él nos mostró. 

Sólo nos queda un detalle: vencer los obstáculos, echar a un lado nuestros propios gigantes, ser realmente sinceros con Jesús y con nosotros mismos, creer como si viéramos, como si tocáramos sus llagas; acrecentar nuestra fe como el centurión o como la mujer con el flujo de sangre. ¡Pequeño detalle! El privilegio de ser cristiano es único y es real en la medida en que lo asumamos.

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