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Intelectualidad y compromiso
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Yvelisse Prats Ramírez De Pérez
yvepra@hotmail.com

Encendí el televisor, y escuché de sopetón la noticia. José Luis Sampedro había muerto. Por una extraordinaria coincidencia, tenía en las manos una obra, “Globalización y Desarrollo”,  que se inicia con un texto estupendo, “Desde mi autobús” escrito por Sampedro.

Cuando se admira mucho a alguien uno llega a olvidar que la vida no dura para siempre. José Luis Sampedro tenía más de 80 años, venía como yo de otro siglo, pero la fuerza de sus convicciones, la persuasiva prosa en que comunica sus ideas son expresión de juventud. Una juventud empeñada en conservar la esperanza de un buen mañana que supere el presente, porque los seres humanos somos hacedores de historias, capaces de cambio. 

Pese a que describe con rigor y condena el desalentador escenario de un mundo mercantilizado, Sampedro apuesta por esa capacidad de mutación que tiene el género humano para revertir los daños, desde la disidencia.

“Las sociedades cambian desde abajo, porque los de arriba, por su posición privilegiada, nunca quieren cambiar” dice en el libro “Globalización y Género” que cayó abruptamente al suelo al oír que había muerto, ahondando la soledad que nos abruma en esta lucha larga por mantener, como Sampedro nos reclama, esperanza en los otros, y en nosotros mismos. 

Ante su muerte, me pongo  a reflexionar sobre esa magnífica compaginación, bastante insólita, que hizo José Luis Sampedro de dos tareas que a primera vista resultan tan diferentes: la ciencia económica y la creación novelística.

Muchos le preguntaban cómo lograba ejercer esta doble profesión sin conflicto. Él ha dado una explicación magnífica, digna de ser leída, como lección o penitencia impuesta a los economistas “secos”, abroquelados en guarismos macroeconómicos, y a los escritores, incluyendo periodistas, que porfían en la sobada tesis, del ejercicio intelectual no comprometido.

La reproduzco a continuación  como oriflama insuperable que me puso en las filas de sus admiradores fervientes. “Ser economista y novelista no son labores tan distintas, la novela trata de comportamientos humanos, y la economía también, porque es una CIENCIA SOCIAL. El tema es el mismo en ambas, tratado con distintos métodos: la visión artística y el razonamiento lógico”.

Agrego, en esa definición impecable, la razón  que amalgama los términos: LA IDEOLOGÍA. Una toma de posición serena, decidida, definida, de enfrentamiento con la  ideología del neoliberalismo y la sociedad de mercado.  La economía sigue teniendo para Sampedro el claro  apellido de “política” que le imprime un imprescindible carácter social.

Y la creación literaria, en particular le novelística,  que ofrece a Sampedro el espacio propicio desde donde contarnos con tremenda belleza y con destreza artística, los dolores humanos, las rebeliones  y las decisiones de la gente.  

Para que en el espejo nos miremos, nos comparemos, nos  juzguemos, enderecemos si queremos  esa novela de cada quien y cada cual  que es la propia vida. La muerte física de José Luis Sampedro me acongoja, como  si fuera la de un amigo. Ha sido  para mí referente moral, símbolo incuestionable al que me aferré, muchas veces para entonar un “vade retro” ante los fementidos predicadores del neoliberalismo.

Su obra literaria mantuvo, junto a otros de mis autores preferidos, esa larvada vocación de escritora que ahora se calma conformándose con redactar estos artículos. Una ventaja: aunque Sampedro es un paladín de la igualdad, lo cierto es que quien deja una obra como la suya no muere igual que los demás, sigue viviendo en quienes lo leemos, en quienes como yo seguiremos buscando en sus libros, la “Sonrisa Etrusca” de la belleza estética, y sobre todo, la fuerza para unirnos en la convicción y la lucha  que requiere el binomio, “El Mercado y Nosotros” un libro que coloca a Sampedro, junto a Amartya Sen, en la cohorte limpia  de economistas sociales que se resisten a reducir la ciencia económica  a los algebraicos malabares ahumanos  de la macroeconomía. 

Porque lo gozo, lo entiendo, lo comparto, me ha revivido aliento y acicate en mi apuesta por la ideología, me comprometo ante su partida de este mundo a seguir siendo fiel lectora, admiradora, agradecida, de José Luis Sampedro. 

Por seres como él, somos capaces todavía de rebelarnos y repensar el mundo.

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