ASUNTOS DE PROTOCOLO.- Sutilezas de diversos órdenes van condicionando la actuación de los personajes de la novela política dominicana. Por ejemplo, el fallecimiento del presidente venezolano Hugo Chávez. El expresidente Leonel Fernández pensó y dio muchas vueltas respecto a qué hacer. Si ir o no a los funerales. Fueron amigos y pares y compartieron en muchos escenarios, incluso de gravedad continental. El problema no era problema, y sí era problema, pues en estos asuntos se impone el protocolo. Y no se supo en principio si el actual jefe de Estado Danilo Medina haría el viaje. De hacerlo, como lo hizo, asumiría la representación del gobierno, pero también del pueblo. Como finalmente sucedió. Fernández talvez no sea uno más, pero no hay dudas de que los focos seguirán con mayor atención a Medina, mucho más ahora que tiene categoría de vedette en ese club muy especial de gobernantes que enfrentan los poderes transnacionales. El emplazamiento a la Barrick Gold no es gesto cualquiera y la ocasión se hace grande para consagrarlo...
PUDO HABER SIDO ELLA.- No se sabe cómo el expresidente Leonel Fernández resolvió el impasse de prudencia del primer momento y decidió finalmente hacer el viaje a Venezuela. Incluso, entre los muchos cálculos, estuvo la posibilidad de que si por hache o por erre el presidente Medina no fuera, la vicepresidenta Margarita Cedeño lo representara. En ese caso los esposos Fernández-Cedeño hubieran estado a nombre del país. Queda, por tanto, clara la cuestión. Si Fernández pudiera moverse en todos los escenarios con libertad y sin rivalizar con el actual mandatario, estos cuidados no se tomaran y la presidencia del PLD fuera espacio suficiente para hacer y deshacer a su antojo. Pero no. Tiene, como dice la gente del campo, que tomar y dejar. Y la situación es tan compleja, que por igual razón anda un chisme sobre Miguel Mejía, de quien se dice que viajó con Fernández y no con Medina, siendo éste su verdadero superior y cabeza de la delegación oficial. A menos que Mejía haya ido como político, ya que no puede olvidarse que es presidente del Movimiento de Izquierda Unida, y no como Ministro para la Integración Regional...
CUIDADITO, COMPAY, GALLO.- El expresidente Leonel Fernández tiene que andarse a soga corta, pues sus movimientos se hacen sospechosos, sea cual que fuere el escenario. Citaba su protagonismo en plazas como el parque Independencia, o el afán de sus seguidores de que no se le toque en consideración a su liderazgo, o la delirante pretensión de asegurar desde ahora la candidatura presidencial del 2016. Ahora se da lo de su figuración en el plano internacional, en particular en los funerales de Hugo Chávez, de los que no hay dudas será una pasarela para que los mejores modelos políticos de América Latina se muestren como si fuera una vitrina en movimiento. Chávez da para mucho, y Fernández lo sabe. Si se sirvió de Duarte y Bosch ¿por qué no de Chávez? Además, si se ponen las cosas en perspectiva, sus gestiones no fueron diferentes. Las tarjetas Solidaridad, o los repartos de cajas, o los operativos especiales, no eran menos que las llamadas Misiones en Venezuela. Solo que Chávez tenía petróleo y Fernández abusaba de los déficits...
¿FÁBRICA CERRADA?.- Además de prudente, se hace necesario que su liderazgo sea honesto y sobre todo coherente. ¿Cómo puede plantearse de que el PLD será “una fábrica de presidentes”, al tiempo que se castran las posibilidades de los aspirantes y se aseguran candidaturas sin competencia? Para que el PLD sea “una fábrica de presidentes”, tiene que empezar a producir desde ahora. Los peledeístas tienen que aprender de su propia historia, o de la de sus oponentes naturales, o de sus aliados de ruta. Si no se hubiera cerrado el ciclo de Juan Bosch, nunca hubieran sabido que tenían a Leonel Fernández, o a un Danilo Medina, en capacidad de hacer lo que su fenecido líder no podía. Esto es, ganar elecciones. Los perredeístas por igual. Mientras era José Francisco Peña Gómez, el Palacio Nacional era una empinada imposible de subir. Cuando cambiaron la montura, y surgió Hipólito Mejía, el gobierno estuvo en sus manos. Como también con Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco. La condición de líder no incluye taumaturgia. Los reformistas se dejaron agotar por Joaquín Balaguer y se quedaron sin amaneceres...
Le haría bien comprender que mucho pueblo considera el daño que le ocasiono a nuestra sociedad, sólo para benefici