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Basilea: un salto cualitativo
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Daris Javier Cuevas

Tradicionalmente la supervisión bancaria se consideraba como la herramienta de vigilancia que el Estado utilizaba para autorizar a operar a las entidades bancarias que deseen realizar el negocio de captación y canalización de recursos financieros frente al público que demanda los servicios del sector bancario. Por igual, prevalecía el criterio de que el supervisor solo debía preocuparse porque los bancos mantengan bien organizados sus libros, ya que se entendía que se trataba de una dinámica de Contabilidad y Auditoría.   

Pero resulta que la supervisión bancaria es algo más que eso y un tanto complejo, ya que esta se refiere a un conjunto de regulaciones de orden prudencial, la cual incluyen los procedimientos de verificación, así como de cumplimiento, el cual tiene como objetivos primarios  promover la estabilidad e integridad del sistema financiero de manera global.

La importancia de la supervisión bancaria y su reorientación a un esquema de mayor cautela se produce cuando en la década de los ochentas surgen múltiples crisis bancarias en diferentes países cuyo impacto tangible fue los desequibrios macroeconómicos y el costo fiscal que de esto se derivaba, así como las secuelas que proseguían a estos fenómenos. Es así como en la década de los años noventas se inició todo un proceso de transformación  profunda en los diferentes sistemas financieros introduciendo fuertes  reformas  cuya finalidad era reforzar y disciplinar el mercado financiero, así como mitigar el surgimiento de crisis permanente. No obstante el esfuerzo realizado, siempre quedó como tarea pendiente el fortalecimiento de la supervisión bancaria al sector. En la práctica esto se tradujo en una fragilidad permanente, por la vulnerabilidad a que se exponían las diferentes  economías  ante cualquier perturbación y aparición de los shocks externos.

Por tales razones a mediados de la década de los noventa se inició una  migración hacia lograr sistemas bancarios más fuertes y transparentes, sustentados en un  equilibrio  sólido y adecuado entre las operaciones  del mercado bancario y un marco regulatorio  que promueva una supervisión bancaria de corte preventivo. Esto así ya que la dinámica del sector bancario impacta en los diferentes sectores económicos en virtud que este es el responsable directo de canalizar los flujos de ahorros en calidad de préstamos a la economía en su conjunto, por lo que el rol de los bancos está directamente vinculado al desempeño  macroeconómico de un país.

Pero es que el manejo de  las políticas monetarias y cambiarias, como parte de la política económica, impactan de manera directa en los balances de los bancos. Es aquí entonces donde se resalta que el rol de la supervisión bancaria es de vigilar y garantizar la existencia de un adecuado y saludable funcionamiento del sistema de pagos y el crédito en la economía, cuyos objetivos es impulsar  la estabilidad  del sistema financiero en su conjunto, lo cual es fundamental en la promoción de una política macroeconómica orientada hacia la estabilidad y el crecimiento sostenido.

Como se puede apreciar la supervisión bancaria tiene asignado un rol estratégico cuando se actúa de manera  oportuna ya que con esta se logra mitigar las exposiciones al riesgo que tienen las entidades bancarias y desactivar los potenciales riesgos sistémicos que puedan afectar la estabilidad del sector financiero, lo cual se logra con una adecuada supervisión bancaria. Pues las evidencias empíricas  ponen de manifiesto  que el avance de la supervisión bancaria se expresa en el vínculo armónico que se ha logrado entre las prácticas bancarias y la regulación lo cual es la señal  que identifica la dinámica bancaria en los  últimos veinte años. Situación esta que fue una aspiración permanente del Banco Internacional de pagos (BIS), razón por la cual este impulsó la creación, en 1974, del Comité de Basilea para la Supervisión Bancaria con la finalidad  de establecer criterios  adecuados para mejorar la calidad de la supervisión bancaria.

Pero el  gran salto cualitativo de la supervisión bancaria se produce a partir de 1988  cuando dicho comité aprobó un marco normativo de ponderación cuyos objetivos era  establecer una exigencia de capital regulatorio de un  8% sobre activos ponderados por riesgo, aunque muchos países prefirieron asumir un 10%, entre ellos Rep. Dom., que es lo que se conoce como Basilea I y que una revisión por parte del  Comité de Basilea para la Supervisión Bancaria concluyó en  junio de 2004 con un nuevo acuerdo que se denomina Basilea II, lo cual persigue tener un mayor control de los riesgos de los bancos.      

El autor es economista.

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