Puntos de vista 2 Marzo 2013
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EN PLURAL
El pacto oportuno
Yvelisse Prats Ramírez De Pérez
yvepra@hotmail.com

Convocándonos por teléfonos o con los e-mails, los expresidentes y secretarios generales de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), nos reunimos a causa de la actual crisis docente.

Llamados por nuestro compromiso con el magisterio, con el sindicato que nos representa y con la vocación sostenida de servir a la educación dominicana, los/as compañeros/as que dirigimos una vez la ADP nos involucramos en buscar salidas al conflicto y hemos presentado una propuesta, recogida en los medios de comunicación: Un Pacto por la Patria y por la Educación, consensuado entre el ciudadano presidente Medina y la ADP, institución que nuclea nuestro magisterio.

El espíritu de cuerpo se movió entre nosotros, aproximando nuestras posiciones. Decidimos plantear la propuesta, así se inicia nuestro documento, “con carácter de urgencia y responsabilidad histórica”. La enmarcamos en principios legales, consideraciones morales y demandas apremiantes por la calidad con equidad educativa.

La ley 1-12 que acredita jurídicamente la Estrategia Nacional de Desarrollo (END) plantea en su artículo 34 un pacto por la Educación; nuestra propuesta encaja en el legítimo derecho de procurar que las leyes se cumplan, para fortalecer la gobernanza con la credibilidad ciudadana en un estado de derecho.

La propuesta se inscribe también en las coordenadas de una exitosa tradición nacional, en cuanto a pactos en el sector educación; el Seguro Médico para Maestros (SEMMA), nació en vísperas de una huelga general de maestros, en un gran acuerdo entre la Secretaría de Educación y la ADP.

El primer Plan Decenal, el primer y segundo Pacto por la Patria y la Educación Dominicana, la Ley General de Educación 66-97, son también productos efectivos de la concertación.

En un mundo que se trasforma vertiginosamente, cambian los métodos de lucha sindical y social; las propuestas se prefieren a las denuncias, las concertaciones oportunas acortan el tiempo de confrontaciones, evitan guerras, demuestran que el diálogo es un instrumento inteligente y racional  en medio de las turbulencias.

La causa que nos mueve a visibilizarnos en el escenario de la actual crisis es justa. Clama ante la presencia de Dios, como decían nuestros padres, que un/a maestro/a al ingresar con una tanda gana menos de una tercera parte del costo de la canasta familiar. ¿Cómo puede estimularse a esos “jóvenes-talentosos” de quienes hablan los expertos, para cursar y ejercer una carrera, si esta les condena, como los galeotes, a esforzarse en una tarea exigente, difícil, compleja, desestimulante, con salarios que no alcanzan, no ya para comprar libros, si no para cubrir la mitad de esa canasta?

Se dice, se comprueba, que los maestros dominicanos no tienen competencias necesarias. No es culpa ni responsabilidad de ellos, fijemos la atención en los currículos pedagógicos de universidades e institutos, obsoletos, poco pertinentes; hay que exigir al Ministerio de Educación imponer su autoridad para que esos planes respondan de la A hasta la Z a los currículos oficiales, y al perfil del docente que  queremos. Es urgente que se implemente un Programa Permanente de Perfeccionamiento y Actualización docente, en base al acompañamiento en las aulas, e incrementar las posibilidades de cursar diplomados, maestrías, doctorados. 

Los/as profesores dominicanos/as es bueno recordárselo a quienes los denuestan han hecho su parte; se les exigió una licenciatura, y por el título asistieron a las instituciones superiores durante cuatro años, no sé cómo pudieron pagar pasaje, hacer fotocopias y gastar suelas de zapatos ganando lo que ganan.

Ahora, licenciados, tienen carencias que no pueden superar sin el apoyo y ayuda decisiva del Estado, y sin la comprensión de una sociedad que los necesita. Hay que pagarles mejor para estimular su deseo de superarse, para premiar la terca decisión que los hizo graduarse, su heroicidad de asistir a clases dejando atrás un hogar plagado de necesidades y su baja autoestima. 

Nuestra educación requiere de calidad con equidad, todos lo sabemos. Lograr ese binomio es un reto que no puede enfrentar solo el Estado, la sociedad entera debe acometer la tarea mano a mano con las autoridades. 

Para iniciarla democrática y cristianamente, empecemos elevando la calidad con equidad de vida al protagonista indiscutible de la acción educativa: el/la maestro/a.

El Pacto que proponemos aporta esa sinergia entre sociedad y Estado, contribuyendo al proyecto de nación diseñado en la Estrategia de Desarrollo. Docentes, padres, estudiantes, la ADP y nosotros, los firmantes esperamos.

Abramos el camino de la concertación que señalan la cordura y la justicia social, con este Pacto por la Educación, prioridad de prioridades.

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