La
vida del exitoso es el secreto mejor guardado; algo así como una mezcla de todo. Como todo lo que es seguido por muchos,
tiene su toque de misterio. La mágica receta no revelada.
Para que las infl uencias existan tienen
que tener grabadas en la mente del seguidor la parte sentimental. Dos querencias igualmente poderosas
pueden desarrollarse en la vida de los humanos. La prevalencia marca la razón.
Una de ellas es el amor, un
pensamiento depurado, sano y sensible, que se retroalimenta a si mismo. El otro es el odio, un padecimiento con
igual fuerza que el amor, pero de raíces extrañas, crece como la maleza en
tierra de nadie.
Experimentarlo es posible en aquellos
pechos donde puede germinar. El amor en sí es una causa. Sus consecuencias son las que nos unen
como hermanos. No se debilita ante la ignorancia, permanece para demostrar que
es fuerte.
La vida de un líder se resume en etapas
que van formando la fi gura, muchas de éstas desconocidas por muchos. Es como
un espiral que se contrae y se extiende, pero que se mantiene vigente.
El carácter es uno de los factores más
visibles en el accionar de los líderes, así como lo son sus férreas condiciones.
Son pocos los líderes que han
prevalecido por mucho tiempo en el gusto popular, tratando de agradar a todos,
y ante la más mínima queja, complaciendo.
Abrirse paso en un mundo donde todos
intentan controlar no es tarea fácil. Cuando muere un líder, no mueren sus
acciones. Es una grabación que queda en pausa, para seguir siendo escuchada
luego.
Un acto, una obra de amor, la
sensibilidad hacia el que nada tiene, es eterno. Eternas son las palabras, eternos
los hechos, eterno el carisma.
Entre el amor y el odio, el amor es el
común denominador. Existió primero. Paz a los restos del presidente Hugo
Chávez Frías.