FUERA DE CÁMARA

Los  “expulsados” del PRD nunca se van...

César Medina

Las expulsiones y renuncias en el PRD nunca han pasado del ruido que producen de cara a la opinión pública.

Porque los dirigentes de ese partido llevan 74 años botándose unos a otros y nada pasa, siguen siempre en el mismo sitio sin irse para ningún lado.

Y de las renuncias ni se diga. Hasta un diputado que se fue en estos días ya quiere volverÖ Y exige entrar por la puerta ancha.

Sólo Juan Bosch y su pequeño grupo de seguidores se fueron en 1973 y jamás regresaron. Excepto su sobrina Milagros Ortiz y otros dos o tres sin mayor significación.

Se conocen casos tan ridículos como el de Vicente Sánchez Baret, que en la contienda interna del 2010 aspiró la candidatura a senador de su provincia Sánchez Ramírez, y como perdió se fue a la Casa Nacional, retiró su retrato de la galería de expresidentes  y “renunció irrevocablemente”.

Ahora aparece reclamando su condición de miembro del CEN y denunciando  que Miguel Vargas lo excluyó de ese organismo porque es seguidor de Hipólito Mejía.

Y barrabasadas como esa se cuentan por cientos desde aquellos tiempos en que el PRD era “el buey que más jalaÖ”

Una falla de origen
La historia de expulsados y renunciantes del PRD se inició con su fundación en 1939. Entre Juan Bosch, Miolán, Cotubanamá Henríquez y Juan Isidro Jimenes-Grullón, se expulsaron unos a otros pero nunca se fueron para ningún lado.

A Miolán lo expulsaron infinidad de veces, desde que estaban en el gobierno de Bosch, en 1963, y luego cada vez que Balaguer lo designaba en algún cargo a partir de 1966.

Y se murió a los 97 años siendo un “perredeísta de toda la vida”.

Botaron también a Thelma Frías, a Mon Castillo, a Brea Peña, a Martínez Francisco, a Washington de PeñaÖ Pero ellos ni siquiera se daban por enterados.

El único que un buen día recogió sus motetes y se fue para siempre fue De Peña, que terminó con un clavel rojo en el ojal de la chaqueta, al lado de Balaguer.

Los perredeístas expulsados se alejan cuando les conviene alejarse  para volver cuando les conviene acercarseÖ Y siempre hallan las puertas abiertas.

Es decir, las expulsiones del PRD han sido siempre tan coyunturales como teóricasÖ Una vez pasan los motivos que las generan, se olvidan y todo vuelve a la santa paz.

Actualmente hay uno de esos “viejos robles” arrimados a Hipólito Mejía que ha sido expulsado en tres ocasiones del PRD óhasta Peña Gómez lo botó una vezó y nunca se ha ido a ninguna parte.

Y el tema de los “renunciantes” es de antologíaÖ En ese partido se “renuncia” y luego se “desrenuncia” como tomarse un vaso de aguaÖ

El caso de Hipólito
A Hipólito lo acaban de “expulsar” del PRD en un procedimiento con nuevo componente: Fue refrendado por el Tribunal Superior Electoral que acogió como válido el debido proceso.

Es prematuro para saber en qué terminará todo esto por tratarse de un partido veleidoso como ningún otro en nuestra historia política, pero está por verse si esa “expulsión” del señor Mejía llega finalmente a materializarse.

Y peor aún, por qué tiempo quedaría Mejía excluído del PRD, donde goza de fuerte arraigo y es el único expresidente vivo que tiene ese partido.

Vargas dice que está abierto al diálogo que han propuesto algunos sectores para zanjar las diferencias que mantienen dividido al PRD.

Pero pone una sola condición: Que no esté en agenda la expulsión de MejíaÖ “Porque eso es innegociableÖ”

¡... El cuento de nunca acabar!