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PANCARTA
El cáncer de España y el nuestro son terminales
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Raúl Pérez Peña (Bacho)
fundaciontestimonio@gmail.com

En memoria de la moral personal de Juan Bosch, porque nunca robó; 
porque el fundador del PRD y del PLD no tocó 
el dinero público ni 
con el pétalo de un rosa.

Al hablarse del cáncer de la corrupción que corroe a España y del tumor maligno que padece República Dominicana, la pregunta es en qué no se parecen las manifestaciones de la mortal enfermedad.

Lea los cables de la prensa fechados en España; revise por Internet las publicaciones españolas. Sabrá que allá, como aquí, hay lavado en pasta, en bola y lavadora.

Y que muchos implicados por corrupción en España pertenecen a las cúpulas politiqueras.

No lea “Dijo” donde dice Diego. Donde dice “Madre de la Corrupción”, no lea “Madre Patria”. 

El cáncer de la corrupción en España es terminal, como el de aquí, porque abundan cimarrones de ayer y de hoy. 

Allá como aquí, rige una partidocracia putrefacta.

Tiene funcionarios y ex funcionarios corruptos, igualito que aquí. Entidades corrompidas, igualito que aquí. 

Allá hay féminas y machos del poder manchados por deshonestos, como aquí.

Tráfico de influencias en ambos países.

Legisladores con barrilitos, cofrecitos y peajes, gemelos distantes de los de aquí.

Políticos purulentos, como aquí.

Abogados renombrados, allá y aquí. 

Diplomáticos inmundos y mundanos, “pimpún” aquí.

Ministros sin cartera y con carteras podridas (en “cuartos”), como aquí.

Escritores hechos “a medios” también podridos moralmente. 

Un mandamás español cobró a un constructor 600,000 euros y anotó 140,000 al PP. Eso es lo hace aquí la Otan morada.

En España hay fundaciones beneficiadas con donaciones de suplidores y contratistas como se hace aquí.

En España hay personajes que salen del gobierno pero se quedan con el poder, como se hace aquí.

Ex jefes españoles, se parecen mucho a los ex de aquí. Mientras los de allá vienen aquí, los ex de aquí van allá.

Igualito que aquí, en España hay altas cortes.

En España hay tribunales constitucionales, igualito que aquí.

Tribunales electorales, como aquí.

Allá pululan periodistas alcahuetes exactamente como aquí.

Aquí se ven y se escuchan como en España, programas pagados a pro-oficialistas en efectivo, viajes y otras especies.

Aquí, como allá, existen medios donde se practica la violencia de géneros periodísticos, emitiendo juicios de opinión en reportajes y notas informativas.

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