Con
la apertura del 2013 entramos a un tránsito cronológico que nos obliga a marcar
una pausa de reflexión acerca de las jornadas transcurridas, así como de las
preocupaciones y esperanzas que nacen con el año calendario en cuyo umbral nos
encontramos.
Aunque no implica considerar lo
pasado como una obra muerta y ponerla en el plano definitivamente perimido, es
algo que tenemos que considerar como la matriz del presente y del futuro. A la
luz de estas reflexiones, reconocemos que el recién transcurrido año 2012,
marcó una etapa cargada de vicisitudes con grandes dolores de cabeza de
problemas irresueltos tanto en la vida interna de nuestra nación como en la esfera
internacional. Involucrándonos en una deuda pública, considerada como una de
las profundas crisis económicas de nuestra historia reciente.
Nos llega pues el año 2013 con una
carga de interrogantes hijo de resultado de yerros, imprevisiones y torpezas de
gobierno y, ¿porqué no? también de gobernados.
El panorama no luce, ciertamente
halagu¨eno, y en la medida en que sepamos enfrentarlo con buen éxito
garantizaremos nuestra perdurabilidad.
La tarea que tenemos por delante
requiere buena voluntad, un trabajo emulador y esfuerzo de cooperación mutua
por parte de todos los sectores de nuestra sociedad. En suma, el destino nos
impone un exigente quehacer como una prueba de fuego de nuestra capacidad como
pueblo y como nación. Hoy se abre pues, un compás de esperanza para todos los
dominicanos, para alcanzar en las jornadas que se avecinan las soluciones
adecuadas para nuestros inmensos problemas sociales, económicos y el creciente deterioro
de la calidad de vida en esta sociedad.